Hacía ya unos años que no viajaba a Argentina. País inmenso, pues sin contar con su parte antártica es más de cinco veces España, con distancias de Norte a Sur de más de cinco mil kilómetros, donde se puede encontrar reproducido cualquier rincón del planeta. Zonas desérticas en el Noroeste, selvas en el Noreste, viñedos y enormes campos de cereales en el centro, estepas e inmensos bosques y glaciares en el Sur. Y coronándolo todo, su capital, el gran Buenos Aires, la gran dama europea de Latinoamérica, con doce millones de habitantes.
Viajando por esta inmensa nación es fácil comprender cómo llegó a ser uno de los países más ricos del mundo. Enormes recursos minerales y energéticos, bosques infinitos, campos de cereales interminables, pesca de todo tipo, millones y millones de cabezas de ganado ovino y bovino, y una de las mayores reservas acuíferas del planeta.
Pero ¿donde está el problema por el que su moneda ha perdido cuatro veces su valor en los últimos diez años, su deuda externa es salvaje, no tienen un peso que gastar y parece un país pobre y a la deriva? Una vez más, mis estimados lectores, han dado en la diana: sus políticos. Pues cuando se los escucha y se ven sus actuaciones es fácil comprender lo que ocurre. No hubo ni un solo argentino que no despotricase de sus políticos, y les aseguro que hablé con muchos. Las palabras más suaves pronunciadas eran corruptos, mafiosos, ladrones, manipuladores de votos, etcétera. Las más duras no me atrevo a expresarlas. Y no me extraña, pues estando allí no se pudo aprobar una importantísima resolución en El Senado porque el ex presidente Menen estaba jugando al golf. ¿Que si dimitió? Por supuesto que no, aquello es Argentina.
Al final de cada conversación siempre tenía la misma pregunta ¿Qué pasa con la sociedad civil? ¿Cómo es posible que nadie enarbole la bandera celeste y blanca para aunar las voces apagadas de tantos millones de personas? Y la respuesta no se hacía esperar «¿Creés vos que yo solo puedo arreglar este despelote?»
Ya en el avión de vuelta cojo con ansiedad un periódico español con la idea de leer noticias serias y reconfortantes. ¿Y que me encuentro? Pues lo siguiente: la presidenta del Parlamento balear dimite por ser acusada de corrupción, la mujer del presidente de Cataluña ocupa quince cargos y se congratula de que sus hijos vayan a un colegio alemán, un edil de Estepona recibe 850.000 euros, y tercera causa contra el juez Garzón… De repente me entra un escalofrío y me pregunto ¿Nos estaremos argentinizando? Me consuelo, posiblemente de forma inocente, tratando de pensar que no, que seremos capaces de luchar contra esta lacra, ya que el esfuerzo individual es absolutamente necesario para ganar la batalla de la corrupción. Lo contrario ya lo conocemos: «Amigo, no seas tonto, pasáme el mate», si al fin y al cabo no vamos a solucionar nada…