S. FERNÁNDEZ
Los libros tienen, por lo menos, dos autores: los que los escriben y los que les dan forma. Estos últimos son los diseñadores y su obligación es componer el recipiente que va a contener la información escrita. «El diseño de libros con texto, pese a lo que se piensa, es más complicado que el de catálogos de arte; tienes menos elementos para presentar un contenido atractivo», explicó Manuel Fernández, un diseñador que ayer ofreció en el salón de actos del palacio de Camposagrado una clase magistral para los alumnos de la Escuela de Arte del Principado de Asturias.
Manuel Fernández, que dirige el estudio gijonés MF, es el autor del logo del Festival de Cine de Gijón, pero su trabajo, fundamentalmente, según aseguró, «es editorial». «Ya colocan a los autores del diseño en los créditos de los libros e, incluso, al autor del tipo de letra», apuntó. «Hay que tener cuidado en no pasarse, el diseño es secundario con respecto de la información que pretendes transmitir», añadió. «El contenido prima siempre sobre la forma que presenta», señaló.
¿Cómo se consigue el justo medio? «Con experiencia», respondió Fernández. «Un diseño no por ser muy llamativo es más interesante: te contratan para presentar un texto», advirtió el profesor por un día. «Siempre, cuando empiezas, tiendes a poner en el trabajo todo lo que sabes y eso no siempre es bueno», explicó Fernández.
Los catálogos artísticos, sin embargo, permiten al diseñador una libertad de movimiento óptimo. «El diseño tiene mucho de oficio, pero también mucho de creatividad. En el diseño de una revista se nota especialmente: hay que mover cajas que son fijas... Cuando tienes un libro entre manos el trabajo es más importante: pongo este color por tal causa... Lo malo es que cuando llega algún cliente y te dice que no, que azul no, que lo que le gusta es el verde... menos mal que eso ya no me pasa», bromeó.