E. CAMPO
El concejal de Urbanismo, José Alfredo Iñarrea, no habló ayer una palabra durante el Pleno en el que el PP intentó quitarle sus atribuciones. No fue necesario. La defensa de su trabajo, contundente, le vino tanto de sus compañeros de gobierno -la alcaldesa, Pilar Varela; la portavoz socialista, Ana Concejo, y el portavoz de IU, Fernando Díaz Rañón- como de la oposición: ASIA y no adscritos. De hecho, Iñarrea logró un grado de consenso poco habitual en las sesiones plenarias, tras dos horas de debate donde las posiciones no se movieron ni un ápice, ya que el PP no quiso aceptar la propuesta de Varela de retirar la moción en vista de su poco éxito. La defensa del concejal, uno de los baluartes de la Alcaldesa, giró sobre tres conceptos: rigor, control y honradez, que no suelen ser los más habituales para definir a los gestores urbanísticos. Sus defensores también esgrimieron que no se puede achacar al concejal la crisis financiera e inmobiliaria que paraliza el sector. Iñarrea salió, en lugar de reprobado, fortalecido, y el PP se encontró sin agua en la piscina.
El portavoz del PP, Constantino Álvarez, abrió boca exponiendo los argumentos de su descontento con el trabajo del concejal: una ralentización urbanística que genera paro. Y comenzó el turno de intervenciones. El concejal no adscrito, Antonio Sabino, titubeó al principio, pero su mensaje fue claro. «Es una moción desagradable. No creo que sea el concejal que menos trabaja al servicio de los ciudadanos».
A continuación, tomó la palabra Rañón, un edil que conoce de primera mano la forma de trabajar de Iñarrea, ya que en el anterior mandato tuvieron áreas paralelas. «No perderé los papeles, pero hay que tener muy poca vergüenza para hacer la oposición que hace el PP, desprestigiando a cualquiera que se dedica a hacer la acción política», dijo el portavoz, que se incluyó en la lista de perseguidos. Rañón subrayó que ejecutar los avales, tal y como pide el PP, pondría a alguna empresa en serias dificultades, supondría despidos y tampoco agilizaría los plazos. El portavoz de IU habló de responsabilidad urbanística: «Aquí no se ha dado ningún choriceo en urbanismo, por lo menos de 2003 para acá», concretó. Y se preguntó si detrás de las prisas del PP no está el interés de algún empresario, en vista de sus reiteradas críticas al retraso del plan especial del casco histórico. Al concejal de ASIA Avelino González le pareció que la petición del PP se pasaba de la raya, y que para presentar una moción de este tipo hay que tener la seguridad o al menos la posibilidad de ganarla. «Entiendo que las armas políticas son muy peligrosas cuando se emplean mal; yo no defenderé al señor Iñarrea, porque no lo necesita».
A todas estas apreciaciones respondió Constantino Álvarez con un nuevo ataque: que hace falta un cambio en Urbanismo, y quien no lo ve así se conforma con seguir acumulando retrasos año tras año. «¿Faltan medios técnicos o voluntad política para cumplir los convenios?», preguntó, y reclamó que se ejecuten los avales. De Gaxín dijo que al haberlo calificado prioritario, marca unas reglas de juego que se están incumpliendo. Que Retumés se está eternizando. Y que el retraso del plan del casco histórico había dado al traste con la implantación del Hilton, que hubiera sido positivo para la ciudad. «No es algo personal contra Iñarrea», reiteró.
Ana Concejo tomó entonces la palabra: «El PP niega la realidad: el sector inmobiliario está parado por la caída de la demanda», de ahí que muchos promotores intenten ralentizar los plazos. De Gaxín dijo que el 12 de marzo los promotores presentaron en el Ayuntamiento el proyecto de actuación, que ahora evalúan los técnicos. Del plan del casco histórico, que se presentará a los portavoces en abril. Y de Retumés, que la próxima semana recibirá la aprobación por parte de la CUOTA.
El Pleno continuó con algunas notas de color, como el aplauso de Rañón al decir Constantino Álvarez que él sí que merecía una reprobación por su gestión de la concejalía de Vivienda. El remate lo hizo Varela, rotunda: «Me fío más del concejal de Urbanismo que de mí misma; este intento de reprobación fue un salto en el vacío». Iñarrea bebió agua y sonrió.