A. P. G.
Sólo pronunció una vez la palabra aborto, pero la defensa de la vida centró buena parte del discurso que ofreció ayer monseñor Jesús Sanz Montes en Avilés. «Son muchos los que han percibido la vida como algo despreciable», «la sangre inocente de tantos horrores y de tantos errores», «estamos llamados a la vida, aunque la experiencia de la muerte imponga su miedo», una «expulsión para la que no fuimos creados» y «los no nacidos son unas víctimas más» constituyen algunas de las afirmaciones que el arzobispo de Oviedo trasladó a los muchos que ayer tarde se dieron cita en la sala de conferencias de la Cámara de Comercio, lleno hasta la bandera.
Sanz Montes ofreció la charla «Cáritas, los buenos samaritanos de Dios», organizada por la Sociedad Económica de Amigos del País. Precisamente, con la parábola del buen samaritano comparó Sanz Montes la labor de la organización. «Lo que enmarca en el fondo esa parábola Cáritas le pone fecha, domicilio y lo convierte en proyecto», señaló. «Dios no es un bandolero que nos ha asaltado, y tampoco nos ha dejado tirados. Sólo está escondido, pero sigue siendo samaritano. Nuestro reto es hoy ser acogidos por él, oír su palabra, está en la espera de quienes no desesperan, en todos y en todo, fundido pero no confundido», pronunció.
No fue hasta una vez concluida la ponencia cuando el Arzobispo se refirió a la pastoral del Papa por los abusos a menores en el seno de la Iglesia católica.
«Cuidado con creernos lo que algunas fuerzas políticas y algunos medios intentan transmitir, que la pederastia es algo del clero católico, porque no es verdad», protestó tras pedir perdón a las víctimas de los abusos. En referencia a los pederastas, Sanz Montes dijo «que caiga sobre ellos la ley del Señor y la de los tribunales de los hombres, y también la piedad, porque son víctimas de ellos mismos». Y concluyó: «La pederastia es una enfermedad de nuestra sociedad, siempre se ha dado, pero ahora con mayor facilidad. No es un pecado de nuestro clero, nuestros curas son normales. Que no aparezcamos como algunos quisieran, como unos depravados. A veces los bandoleros son quienes menos lo parecen».
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