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Concejo de Bildeo 
Crónicas del municipio imposible

Los abrazos

Las extrañas cosas del querer y otros cuentos

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Los abrazos
Los abrazos 

JAVIER GANCEDO De nuestro corresponsal, Falcatrúas.

Ramón el Tumbao pelaba patatas para freír con unos huevos, preparando la cena para él y su nieto, Rubén. Los que frecuentan estas historias de Bildeo recordarán que hace un par de años, a Ramón, que no estaba ni siquiera casado, le vinieron encima de repente y sin avisar, tres cambios de estado civil: enviudó, fue padre de una hija y abuelo de un nieto, todo ello el mismo día.

Estas cosas no son exclusivas de aquí, pasan en más sitios, aunque a la gente le resulta chocante que ocurran tantas en Bildeo, pero los acontecimientos los trae la vida misma y aquí estamos para contarlos. Ramón trabajó en una mina de carbón de la parte de León, tuvo una novia, dejola sin saber que estaba embarazada, él «pasaba» de llevar una vida de pareja convencional, así que marchó para arreglar los problemas de la clase obrera, de toda, y acabó regresando a Bildeo, donde vivía solo, hasta que llegó su desconocida hija, anunciándole la muerte de su madre, aquella novia que tuvo, y dejándole en depósito un rapacín de cuatro años, su nieto Rubén, tan desconocido como la madre que lo parió.

Mientras Ramón rabilaba con la cena, Rubén leía cuentos traídos de la escuela concentrada de La Cuendia a la que asistía, ya que la de Bildeo quedó descatalogada hace años; el guaje de vez en cuando hacía una pregunta o un comentario. Los rapacinos son así, sueltan preguntas y comentarios al aire, como quien deja libre un páxaro:

-Güelito, Romualdo da abrazos a las vacas porque no tiene mujer.

A Ramón le dio un tremendo acceso de tos, cogió la fuente con las patatas troceadas y se dio la vuelta rápidamente para dejarla bajo el grifo y secarse unos lagrimones de risa contenida.

-¿Quién te dijo eso?

-No me lo dijo nadie, lo vi yo.

-¿Vístelo tú abrazando vacas?

-A todas no; a una o dos. Dice que hay que dar cariño a los que viven con uno.

-¿Y de dónde sacas que las abraza porque no tiene mujer?

-Porque él no la tiene, y como todo el mundo tiene que tener a alguien a quien querer? Tú, porque me tienes a mí ahora, pero antes estabas solo.

-Eso es verdad, sí señor.

Después de medio minuto sin preguntas, alguien volvió al ataque:

-¿Guelito, tú, si no me tuvieras a mí, a quién abrazarías?

-La leche que mamé, yo qué sé?

-¿A Pepe Torazo?

-A Pepe, seguro que no, ¿No ves que es muy feo?

-Y Pepe, ¿abraza a Mariano?

-¡Pero bueno! ¿De dónde sacas tú que Pepe y Mariano se abrazan, chaval?

-Como viven juntos?

-No todo el mundo se anda abrazando por vivir en la misma casa.

-Pero si viven juntos es porque se quieren.

-Rubén, qué tal si quitas los libros de la mesa, pones los platos y los cubiertos, y cenamos.

-Güelito, tú cuando no quieres hablar de algo, siempre me mandas hacer otra cosa, para que me calle.

Poco más tarde, cenando, Ramón le contó algunas cosas:

-Romualdo es viudo desde hace muchos años; su mujer, que era una bellísima persona se llamaba Aurisela y murió a consecuencia de una caída del caballo, se partió el cuello; como no tenían hijos, el pobre hombre se quedó solo.

-Me gusta mucho hablar con él, me cuenta cosas.

-Ya veo que sois muy amigos. ¿Y qué cosas te cuenta?

-El otro día me enseñó a ordeñar y saqué leche a una vaca que se llama Pepa y luego me la bebí.

-Hay que tener cuidado con las patadas de las vacas, que sacan la pata hacia los lados, haciendo un arco, como si segaran.

-Y también me cuenta cuentos.

-¿Qué cuentos?

-El de una rapiega que iba de caza por el monte y dejó los siete rapieguinos que tenía en la madriguera, pero cuando volvió para darles de mamar, ya no estaban. Empezó a buscarlos desesperada, porque había lobos, garduñas y milanos que se los podían merendar en un pis-pás. Por más que buscaba y los llamaba, no aparecían, pero vio un cuervo posado en un árbol y le preguntó: ¿Oye, cuervo, no habrás visto por aquí siete rapieguinos como siete soles? Sí, le contestó el cuervo con mucho desdén, los vi bajando por aquel sendero hacia el río, pero iban todos esmocarrados y todos sucios. ¡Ah, dijo la zorra, si los vieras con los mis ojos, habían de parecete bien guapos.

-Ese cuento está muy bien traído.

-Pues sabe muchos más.

-Estupendo, pero no digas a nadie que anda abrazando vacas, igual la gente piensa que está turulato.

Seguiremos informando.

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