VICENTE MONTES VICENTE.MONTES@EPI.ES
Zapatero no ha tenido más remedio que atender a las demandas de la Unión Europea, espoleado por una llamada de Obama. El Papa Benedicto XVI ha endurecido su posición contra la pederastia -tras haber echado hasta ahora balones fuera- con la invocación del tercer secreto de Fátima. Como siempre, la revelación viene acompañada de la influencia de un ser externo, ya sea divino y/o poderoso. No tengo muy claro si la cosa hubiese funcionado al revés: si ZP se hubiese convencido de la necesidad de recortar el gasto con la lectura de los secretos de sor Lucía o si Benedicto hubiese visto algo de luz con una llamada del presidente de Estados Unidos. Poco importa. La cuestión es que se acercan tiempos de tribulación. Serán necesarios sacrificios ante la crisis, ha dicho Álvarez Areces. Tiemblo. Pienso en el horrendo dios Moloch al que adoraban fenicios y cartagineses. Su predilección no eran los funcionarios, sino los niños. Supongo que Areces no va por ahí: de esos sacrificios ya ha habido bastantes en la otra parte citada en este billete.