Podes,
Illán GARCÍA
Un misterio asola la parroquia de Podes. ¿Qué fue de la cabeza del busto en honor a Amadeo Álvarez-Buylla, conde del Real Agrado? Nadie sabe su paradero y ya han pasado más de quince años desde que se enviara a Madrid para su recuperación, después de que unos chavales decapitaran el busto mientras jugaban. La estatua, confeccionada por José «El Bollo» está ubicada en el parque de Podes, junto a la capilla de la parroquia.
La escultura se inauguró en 1948, dos años después de la muerte del conde. Muchos vecinos, como Gabriel Fernández, cuestionan que el conde del Real Agrado fuera de sangre azul. «Era un probe de aquí que tenía ganado, que se fue a Cuba y a su vuelta trajo un puñadín de dinero; luego volvió a irse y trajo un poco más y luego regresó otra vez, pero con un brazao entero de perres», dice Fernández, que destacó además que el rey Alfonso XIII, abuelo de Juan Carlos I, le condecoró con esa la distinción de conde «no porque fuera conde sino porque tenía muchos terrenos que fue comprando con el dinero que hizo en Cuba».
En la primera visita después de vivir en la isla caribeña, Álvarez-Buylla compró una casería en Laviana con ganado. En las sucesivas, se hizo con una una casa y grandes extensiones de terreno en Cuatro Vientos, junto al cabo Peñas y se casó con una condesa de Lugones.
Hoy, 62 años después de aquella inauguración, el busto se halla en el suelo del parque de Podes mientras el pedestal en el que se colocaba permanece en su lugar original con la inscripción de una corona y un escrito que reza «Real Agrado». Algunos vecinos cuestionan porqué se le dieron tantos honores a Amadeo Álvarez-Buylla, cuando «no hizo nada por el pueblo, sólo era el rico de Podes, que tenía muchas hectáreas de terreno, nada más».
Para Gabriel Fernández, era preferible hacer un busto en recuerdo del primo de Amadeo, Celestino Álvarez-Buylla, que donó los terrenos para construir el campo de fútbol, o de Ramón Álvarez Viña, hijo predilecto de Podes que recientemente donó más de cinco mil libros para el centro social de la parroquia. «A mí la cabeza no me estorbaba, pero... ta bien quitada», bromea Fernández.
Y es que nadie tiene idea de dónde se puede hallar la testa del conde. «Creo que se perdió por el camino por una empresa de mensajería», indicó Gabriel Fernández, que, aunque sólo sea por despejar las incógnitas de la extraña desaparición desea conocer el paradero de la enigmática cabeza desaparecida hace más de 15 años, pocos años antes de que se construyera el actual parque infantil de la parroquia.