Myriam MANCISIDOR
«Suena "boom, boom, boom" y no duermo hasta el amanecer», declaró ayer Juan José C. S. ante la magistrada del Juzgado número 2 de Avilés, donde se celebró el primer juicio penal por ruidos de Asturias. Juan José C. S., enfermo mental a tratamiento, y su hermano, Carlos C. S., abogado que ejerce su propia defensa, sentaron en el banquillo de los acusados a dos hosteleros de Vegadeo, Ricardo S. B. y Eulalia S. F., padre e hija, que están al frente de un bar abierto al público con licencia de tablao flamenco. Les juzgan por trasmitir ruidos al interior de las viviendas colindantes al local con unos niveles, según el fiscal, que llegan a doblar los decibelios máximos permitidos. Los hosteleros negaron la mayor.
La acusación particular pide para los empresarios vegadenses dos años y medio de cárcel para cada uno más indemnizaciones. El fiscal de medio ambiente, Joaquín de la Riva, solicita el mismo tiempo de prisión para los acusados más multas por importe de 19.440 euros e indemnizaciones para las dos víctimas que suman 12.000 euros. Además, la inhabilitación para trabajar en hostelería durante dos años. El caso quedó visto para sentencia.
El juicio comenzó poco después de las nueve y media de la mañana en la sala de vistas número 4 y se prolongó durante casi cinco horas. La acusación particular presentó nada más de comenzar un informe que, según el letrado Carlos C. S., acredita que aún hoy en día siguen produciéndose emisiones de ruido. La jueza no admitió a trámite el documento. Acto seguido, el abogado, en calidad de afectado, prestó declaración. «Trabajo toda la semana y voy a Vegadeo los fines de semana con la idea de descansar pero es imposible con el ruido del bar. He cambiado de cuarto, he utilizado tapones para los oídos... pero es imposible. En 2008 me diagnosticaron apnea y todo esto está influyendo en mi vida, por falta de sueño a veces doy cabezadas al volante de mi coche», manifestó.
La titular del bar, Eulalia S. F., con licencia de apertura desde octubre de 2006, fue la siguiente de declarar. Entonces subrayó que su local «está adaptado para evitar la contaminación». «Tiene doble puerta, doble cristal y también un sonómetro que colocamos cuando nos lo requirió el Ayuntamiento», defendió la joven, que recalcó: «El problema viene de atrás, la relación es mala. Cuando abrimos el local, él (Carlos C. S. ) ya nos dijo que nos lo iba a cerrar». La empresaria dijo además: «No hay más vecinos que se quejen». Su padre, Ricardo S. B., a preguntas del fiscal, aseguró desconocer por qué los datos de las mediciones acústicas extraídos del sonómetro tenían un número de serie diferente al del aparato instalado en el local.
Tras la declaración de los afectados y los acusados, por el Juzgado avilesinos pasaron casi dos docenas de testigos que dieron su versión de los hechos. Entre ellos estaba el psiquiatra de Juan José C. S. que manifestó que «el ruido incide en el descanso y el sueño». «En el caso de Juan José se le ha tenido que aumentar la medicación», recalcó. Juan José C. S. dijo, por su parte, que en su domicilio «difícilmente se puede leer o escuchar la radio» debido al ruido.
El fiscal de medio ambiente en su escrito acusaba a los hosteleros de atormentar, de madrugada y con unos niveles de ruido que llegaron a doblar los máximos permitidos, a los dos hermanos. La licencia de apertura del bar establecía que los niveles de ruido no podían superar los 30 decibelios en horario diurno y 28 por la noche. Ante estos hechos, el fiscal estima que se ha producido un delito contra el medio ambiente en la modalidad de contaminación acústica, con contravención de la ordenanza del Ayuntamiento de Vegadeo, que regula las emisiones acústicas, y del decreto del Principado por el que se aprueban las normas sobre condiciones técnicas de los proyectos de aislamiento acústico y vibraciones. Este es el primer caso por ruido que llega a un tribunal de lo Penal en Asturias.