Laura LÓPEZ
Viajaron hasta el Cáucaso y treparon con decisión para cumplir su sueño: coronar el pico Elbrus, el techo de Europa. Partieron de Avilés el día 1 de agosto. Tras varios días de caminata por los bordes de este volcán actualmente extinguido, los cuatro montañeros del Grupo Ensidesa que formaban la expedición han vuelto a casa con su trofeo: una cumbre de 5.642 metros de altitud. En la cima desplegaron la bandera de Asturias, que ondeó cerca del cielo en el límite natural entre Asia y Europa. Carlos Fernández, Jose Manuel Rodríguez («Chirri»), Jacobo Mejido y Nuria González fueron los protagonistas de la aventura. Con ellos viajaron ocho personas más de Barcelona, Galicia, Valencia y Alicante. Ahora, ya en casa, en Avilés, recuerdan su peripecia próxima a las nubes.
«Para mi fue increíble. Nunca había subido a tanta altura, sólo había estado en montañas de Asturias», explica Nuria González, emocionada por la gesta. Precisa, además: «Fue muy duro, pero tuvimos mucho apoyo, sobre todo de los guías, Coque, el español, y Leo, el ruso. Los dos estuvieron muy pendientes de nosotros durante todo el trayecto». Pero también les «dieron caña». «Leo tiene 62 años y era increíble lo que caminaba. No nos dejó descansar nada, antes de ponernos con el Elbrus todo fue entreno y entreno», añade Jacobo Mejido, que al igual que González nunca había ascendido a un pico de tanta altitud.
El buen tiempo acompañó a la expedición asturiana en todo momento, aunque las temperaturas eran demasiado altas. Temieron por la posible formación de grietas en el hielo, pero aunque el sol les llegó a quemar no hubo mayores problemas. «En la cima estábamos a cinco grados bajo cero, cuando lo normal hubiera sido, como poco, menos diez. Ni el glaciar era un glaciar, era un río», explican. ¿Y la cima? «Lo mejor fue cuando coronamos, porque el cielo estaba despejado y las vistas eran increíbles», comenta Carlos Fernández, que llega con un dedo herido. Pero la lesión no lleva el «sello» del Elbrus. Fue en el trabajo, antes de partir. «El médico me aconsejó no ir y no fui, le hice caso, le cedí mi puesto a mi hermano gemelo», bromea produciendo risas entre sus compañeros. «No me lo hubiera perdido por nada. Cuando llegas a la cima se te olvida el cansancio y se te olvida todo. Son risas, lloros, abrazos, alegría... Además, no sólo fuimos nosotros, éramos doce y los doce iniciamos el ascenso y los doce llegamos a la cima. Eso fue lo mejor. Subir juntos y bajar juntos», añade.
No coronaron la cima todos al mismo tiempo. Javier Fernández, del grupo Ribeira Sacre tuvo problemas en la subida, pero al final logró unirse al resto. «La verdad es que no tuvimos demasiados contratiempos. Leo, el ruso, nos metió mucha caña. Siempre decía: «Los europeos os preparáis muy rápido y camináis muy lento. Los rusos preparamos muy lento, pero caminamos muy rápido". Y tenía razón», comenta Manuel Rodríguez. El Grupo Ensidesa ya está planeando su próximo desafío: Mutzagata (China), conocido como la puerta de los ocho mil. «Antes tenemos que ahorrar», concluye Rodríguez.