VICENTE MONTES VICENTE.MONTES@EPI.ES
Aunque el célebre fantasma del Palacio de Balsera se haya mudado hace años, algunos espectros siguen rondando por la ciudad con sus lamentos y cadenas. Avilés trata de exorcizarlos, y lo consigue a duras penas. El más recurrente es el del paro, y por mucho que los gobernantes hacen esfuerzos por ahuyentarlo, regresa cíclicamente. La maldita crisis nos ha devuelto a cifras que considerábamos olvidadas, de modo que habrá que plantearse algo más serio que conjuros y admoniciones para tratar de enviar el desempleo al limbo que merece. Imagino que el ectoplasma que otrora hacía sus gamberradas en el actual Conservatorio debe de estar penando quién sabe dónde, tratando de encontrar empleo en algún otro caserón, pero hasta en eso la cosa está jodida. Ahora hay espectros con máster, triple licenciatura, recomendación de alguna entidad cuasidivina y que, pese a todo, se quedan en la calle esperando que amaine el temporal. Se ve que la recesión afecta a todas las dimensiones.