Félix VALLINA
La ubicación del archivo histórico de Ensidesa vuelve a ser motivo de debate. A pesar de que ya ha comenzado a ejecutarse el convenio de cesión de los documentos al Archivo Histórico de Asturias -alrededor de un cinco por ciento del material ya se encuentra en las nuevas instalaciones de la vieja cárcel de Oviedo- el portavoz de la asociación MUSI-Pedro Duro, Jerónimo Blanco, considera que el legado debería ocupar un lugar destacado dentro de las instalaciones del Museo de la Siderurgia, situado en la localidad langreana de La Felguera. «El primer museo de la siderurgia de España se merece contar con todo lo que tenga que ver con el pasado del sector en Asturias y los documentos de la fábrica son una parte fundamental de esa historia», señaló Blanco.
El portavoz de la asociación MUSI-Pedro Duro asegura que el legado documental de la empresa, que retrata medio siglo de historia siderúrgica, tiene peso suficiente como para ocupar un espacio exclusivo y mantiene que en el museo langreano hay sitio de sobra para albergar buena parte de un archivo que, según los expertos consultados, ocuparía más de tres kilómetros de estanterías si se junta la documentación actualmente repartida entre Mieres, Langreo, Avilés y Gijón. «Tres cuartas partes de los bajos del museo están ahora mismo vacías», recordó Blanco, que añadió: «Además sería un contenido perfecto para asumir de cara a la ejecución de la segunda fase del centro, que se está negociando ahora mismo».
Ya ha transcurrido más de un año desde que Cultura anunció su intención de trasladar a Oviedo un material histórico que en muchos casos corre peligro al estar almacenado en espacios inadecuados. Expertos e historiadores interesados por el patrimonio industrial y la conservación de la huella siderúrgica se han mostrado preocupados en varias ocasiones por la tardanza del proceso, aunque la mayor parte de ellos considera que las instalaciones de la capital asturiana son las más adecuadas para albergar el archivo de Ensidesa. «Estos documentos tienen que estar unificados en un solo espacio y el de Oviedo cuenta con el personal y los medios necesarios para que los investigadores, que son los que suelen utilizar este tipo de archivos, puedan trabajar con calidad y comodidad», señaló el investigador Alberto del Río, al que también le salió la vena avilesina: «Siempre resquema que te lo lleven de aquí, pero estando como están las cosas con la crisis hay que reconocer que ahora sería complicado habilitar un espacio en Avilés para albergar el archivo. Después de que se ha dinamitado gran parte de patrimonio industrial sin escrúpulos sólo nos queda pedir que el traslado se haga con la máxima celeridad posible para que no se dañe un material tan importante».
Francisco Cuesta, director del Consorcio para la Gestión del Museo Etnográfico de Grandas de Salime y responsable de la última escuela taller que se puso en marcha para preservar parte del archivo social de Ensidesa, coincide con Alberto del Río. «Lo primero es hacerse cargo con celeridad de los documentos porque el patrimonio documental, en general, siempre es el más maltratado. Creo que llevarlos a Oviedo es una buena medida porque allí estarán bien cuidados, a veces con los localismos se pierden buenos servicios», señaló. También aportó otra alternativa: «Se puede acordar una sucursal del archivo de Oviedo en Avilés», sugirió.
El historiador Juan Carlos de la Madrid fue más tajente. «Ahora el sitio donde mejor tratado va a estar es en Oviedo porque ni las autoridades ni la sociedad avilesina quisieron mantenerlos aquí. Si se hubiese hecho un proyecto ambicioso en la térmica de Ensidesa...», lamentó. El profesor Jorge Bogaerts también tiene las cosas claras: «Como avilesino me gustaría que se quedase aquí, pero como historiador sé que en Oviedo va a estar mejor. Eso sí, hay que actuar cuanto antes», aseguró. Para José Manuel Pérez, miembro de la última promoción de aprendices, «los archivos tienen que estar sin duda en Avilés, incluso en la propia fábrica».