El Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer ha contado con el apoyo de la Cámara Oficial de Comercio que presido desde sus mismos inicios, desde su primera piedra, colocada en medio de una gran expectación y no poco escepticismo. Está en las hemerotecas y de ello queda constancia también en la revista corporativa que informa periódicamente de nuestra actividad, de nuestros proyectos y de nuestras opiniones.
Por entonces insistía en la idea de que no nos podíamos permitir perder el tren que significaba la construcción de un equipamiento de estas características, que por sí mismo, y al margen incluso de sus contenidos, situaba a esta comarca en el mapa internacional de la arquitectura y de la cultura.
Estas expectativas y ese objetivo se han visto hoy cumplidos con creces. Ahora nos encontramos en esa fase tan criticada por unos, como puesta en entredicho por otros: la de dotar de contenidos al Centro. He tenido la satisfacción de asistir al acto de presentación de la programación diseñada para este año inaugural. Acudí con la expectativa alta, dada la destacada actividad que ya ha desplegado el Niemeyer, aun sin antes haber culminado la obra. Tengo que reconocer que la programación me sobrepasó. Estoy de acuerdo con el director del Centro, Natalio Grueso, en que esto es lo que cualquier ciudad del mundo quisiera para sí. La dificultad y el mérito están en que Avilés es una ciudad pequeña, no es una de esas grandes capitales que a todos nos vienen a la cabeza, y que firmarían por tener esto que para nosotros es una realidad.
La programación en cuestión, que ya todos conocemos, es la constatación de que este proyecto es un éxito, y también quiero decir aquí, porque lo creo sinceramente, que fue un acierto haber apostado por la persona de Natalio para dirigirlo.
Son muchos y muy importantes los invitados que pasarán este año por Avilés gracias al Niemeyer, y con ellos llegará el potente foco mediático que convertirá a la ciudad en protagonista asidua de la escena internacional. Alguna de las consecuencias de ese efecto está, por ejemplo, en el interés de las compañías de cruceros en cerrar paquetes que incluyen el Niemeyer como escala de sus rutas.
A la vista de esa pléyade de personalidades, es bien cierto que pocas ciudades pueden decir que cuentan con una programación cultural como la que aquí se está poniendo en práctica. Y todo, con la complicación añadida del escaso presupuesto con que todavía cuenta la Fundación para el desarrollo de esta ambiciosa actividad.
Me viene a la mente el recuerdo de aquel tranvía que transitaba por la calle de la Cámara y que parece que puede «resucitar» en una versión moderna frente al propio Niemeyer.
En los días de lluvia, aquel legendario tranvía, cargado de pasajeros, necesita una ayuda extra para subir la pendiente de la calle de La Cámara. Para ello, disponía de un tubo que expulsaba grijo menudo para que pisara firme y fuera capaz de llegar a la plaza del Ayuntamiento.
Eso creo que es lo que tenemos que hacer: aportar grijo fino para facilitar que las cosas continúen su camino con firmeza, no piedras que lo dificulten o que, incluso, puedan hacer descarrilar proyectos como este del Niemeyer, que tanto va a hacer brillar a esta comarca.