MARÍA NEIRA GONZÁLEZ
Directora del departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
Francisco L. JIMÉNEZ
Son días duros para la doctora María Neira (La Felguera, 1962); la catástrofe sísmica de Japón y la posterior crisis nuclear declarada en el país nipón le tienen más cosida aún que de costumbre al teléfono móvil. Es el precio de estar informada minuto a minuto de la evolución de los acontecimientos. Su estancia estos días en Asturias -ayer pernoctó en Avilés- guarda relación con el congreso que organiza el Niemeyer sobre la influencia y prevención de los determinantes ambientales y ocupacionales del cáncer; no obstante, la actualidad de Japón acapara todo el protagonismo.
«Desde el viernes habré dormido unas seis horas y ya he perdido la cuenta de las entrevistas concedidas...», se presenta como disculpándose por la locura que le rodea y que le obliga a ir al grano con cada interlocutor que le aborda. Se trata de ahorrar tiempo para poder atender todos los frentes abiertos y Neira logra hacerlo con educada naturalidad.
-Bien, pues empecemos por Japón. ¿Cuál es la situación en estos momentos?
-Lo primero que debe quedar claro es que la situación es cambiante y evoluciona con rapidez, este es un factor importantísimo. Puedo decir que en este preciso minuto está evacuada la población en un radio de 20 kilómetros alrededor de la central nuclear dañada, lo que reduce riesgos e indica un buen control de la situación. No obstante, como le digo, dentro de un momento todo puede ser diferente y por eso no se puede relajar nuestra preocupación por lo que está ocurriendo allí.
-¿Por qué 20 kilómetros de zona de exlusión humana y no 30 ó 50?
-Conste que yo soy médico y especialista en salud pública, no experta nuclear. No obstante, por experiencia sabemos que 20 kilómetros sonm suficientes para los niveles de emisiones radiactivas registrados en Fukushima. La OMS comparte esa evacuación y también la recomendación de que en un radio de 30 kilómetros la gente permanezca en sus casas con las puertas y ventanas cerradas. La distribución de potasio yodado, que bloquea la glándula tiroides para que no absorba yodo radiactivo, es una medida adecuada, pero sólo debe hacerse bajo estricta recomendación de las autoridades nacionales. Nadie debe comenzar a tomarlo por su cuenta.
-Se está comentado mucho la reacción de los japoneses ante semejante situación...
-Lo cierto es que están manejando el problema con una sangre fría, una serenidad y un coraje encomiables, dudo que otros pueblos hubiesen reaccionado de la misma manera. Por eso, pienso que añadir desde afuera medidas o recomendaciones que aumenten su carga de estrés sería contraproducente. Lo que se tenga que hacer vendrá dado por la cantidad de radiactividad liberada y las condiciones meteorológicas.
-El gran temor es que se forme una nube tóxica y llegue a Tokio.
-Es una de las hipótesis más improbable porque todo parece indicar que esa supuesta nube se iría para el mar, donde el daño sería menor.
-Imagine que el escenario empeora, ¿qué secuelas acarrearía la exposición de los ciudadanos a la radiactividad?
-En el peor de los casos, sería previsible un aumento del cáncer de tiroides y de algunos tipos de leucemia. La gravedad de los daños depende del tipo de material radiactivo, de la dosis y del tiempo de exposición y es variable en función de los grupos de población. Una exposición aguda y muy cercana sería el caso más grave. Afortunadamente no se ha liberado ni cesio ni yodo radiactivo, que son dos de los materiales más peligrosos en estas circunstancias.
-Pase lo que pase, habrá un mañana... ¿Y entonces, qué?
-Hablar de eso ahora sería añadir ansia gratuita. Lo que estoy segura es de que los japoneses están preparados para abordar esa situación.
-La comparación con el desastre de Chernobyl es inevitable...
-Pues existe una enorme diferencia, y es que no esperamos que en Japón haya personas que sufran una exposición larga a grandes dosis de radiación. El gran problema de Chernobyl fue que no se evacuó a la población.
-De Chernobil queda la psicosis, el miedo...
-Irónicamente, esta primavera se cumplirán 25 años de aquella catástrofe y, en efecto, aún tenemos muy fresco su recuerdo, el miedo a lo nuclear. Sin embargo, Chernobyl también nos enseñó, hemos sacado lecciones y gracias a eso hoy sabemos mucho más de la radiactividad, tanto en el ámbito tecnológico -y aquí los japoneses son una autoridad mundial, tienen a los mejores expertos del mundo- como en el sanitario.
-¿Qué lesiones y dolencias se asocian a la fuga radiactiva de Chernobyl?
-Más allá de la muerte casi inmediata de los liquidadores de la central nuclear (el personal que trabajó en el aislamiento del reactor nuclear), la OMS determinó un aumento del cáncer de tiroides. Esperemos no vernos de nuevo ante semejante drama.
-¿Se siente políticamente coaccionada a la hora de gestionar desde su cargo en la OMS la crisis de Japón?
-En absoluto. No nos temblará la mano en ninguna medida que haya que tomar.