Myriam MANCISIDOR
Las fábricas de los alrededores parecen temblar sacudidas por la crisis pero, de cuando en cuando, una espesa humareda recuerda que en Avilés aún quedan restos de actividad industrial. El resto, ocio y turismo. Tanto es así que la ría, hasta ahora infravalorada, se ha convertido en la ventana al mar de una ciudad que juega a transformarse. Avilés ha pasado en pocos meses del negro hollín al blanco Niemeyer y el estuario se ha convertido en el nuevo lugar de esparcimiento de decenas de personas que cada día recorren a pie, en bicicleta o patines la senda fluvial de aguas recién saneadas que comunica el paso de Larrañaga con La Luz.
El camino discurre paralelo a la ría y también al río Arlós y permite a los usuarios aproximarse apenas sin esfuerzo -carece de desnivel- al parque del Muelle, el Hospitalillo de Ensidesa, Llaranes, el complejo deportivo de La Toba, la estación de tren de Villalegre o el parque de La Luz. De telón de fondo siempre el Centro Niemeyer, un «punto» blanco donde antes no había color. Víctor Fernández y su hijo son fieles a su paseo diario por la senda -bautizada ciclable- que se realizó con cargo a los fondos estatales para proyectos sostenibles y supuso una inversión de 1,2 millones de euros. «Nos gusta todo de este camino», confiesan.
La avilesina Esther Fernández también acude siempre que puede a la ría avilesina. Con ella, tres niños: Adrián Donoso, Diego Ruíz y Lucas Aceses que recorren la senda en bicicleta mientras sus familiares hacen lo propio a pie. Así, Estrella Benavides, María Teresa Torres y Luis Donoso cumplen paso a paso con un itinerario que defienden por varios motivos. «Esta senda es muy importante para la ciudad pues aquí podemos venir con los críos sin que corran peligro por el tráfico y las vistas al Niemeyer son estupendas», argumentan.
Además del complejo cultural que abrirá sus puertas en una semana, el nuevo paseo de la ría ofrece un recorrido entre esculturas de arte contemporáneo como «Vientos de acero» de Anabel Barrio. También un paseo entre nombres «saludables» impulsado por la Cofradía del Colesterol en el que se pueden ver las firmas, entre otros muchos, de Carlos Falcó, Valentín Fuster, Luz Casal, José María Ordovás, Carlos López Otín o Juan Luis Arsuaga. Asimismo, el camino ciclable discurre entre pequeños árboles plantados por el Ayuntamiento de Avilés y la Fundación Alcoa.
«Antes de que estuviera abierta la senda nosotros ya veníamos a pasear por aquí y el cambio que ha dado la zona ha sido tremendo y se nota en la cantidad de gente que viene», explican Aniano García y Luzdivina González. Ambos son «de caminar» y no dudan en calzarse las zapatillas para patear Avilés desde San Juan a La Luz. «La senda está muy limpia y cuidada, solo tiene algunos fallos el servicio», apuntan, al tiempo que observan el Centro Niemeyer. «Ya lo conocemos por dentro y cuando lo inauguren volveremos, es una obra maravillosa», sentencian antes de seguir su camino.
Asun Alonso es de Barcelona. Y llegó al paseo de la ría de Avilés por casualidad junto a su hija, la pequeña Yoana Martínez. «Tuve una boda y haciendo tiempo antes de ir al aeropuerto vine hasta aquí. El lugar es precioso, no conocía Avilés y marcho sorprendida», subraya esta mujer. Entre tanto, el número de usuarios en la ría aumenta según transcurre la mañana. Con un sol casi primaveral, el estuario avilesino refleja el futuro de Avilés. Al fondo, humaradas blancas del presente industrial.