Las Vegas,
Illán GARCÍA
La docencia es una profesión vocacional. Por ello, a José Ramón Vázquez, director del Colegio de Las Vegas, afirma, le va a costar mucho jubilarse tras 36 años como profesor, los últimos 29 de los cuales los pasó en el centro educativo corverano. «Cuando cierre la puerta del colegio por última vez dentro de mes y medio, tengo claro que seguiré haciendo cosas por los demás, no pienso quedarme parado: seguiré ayudando», asegura Vázquez.
Por la cabeza del aún director del centro pasan decenas de recuerdos de aquellos tiempos en los que comenzaba a dar sus primeros pasos en el mundo de la docencia. En 1974, José Ramón Vázquez comenzaba a trabajar en la enseñanza pública aunque sus primeras clases las impartía en academias privadas. «La educación y el sistema educativo cambiaron mucho desde entonces, antes sólo teníamos aulas con pizarra, tizas y libros de texto, ahora los alumnos tienen de todo: ordenadores, pizarras digitales y cañones en las aulas, entre otras cosas», indica este tinetense que vivió la mayor parte de su vida en Oviedo, donde actualmente reside.
Cuando Vázquez fue destinado a Las Vegas, decidió seguir en la capital asturiana para poder separar su vida privada de la profesional. «Me siento muy a gusto en Corvera, cómo no, llevo aquí casi treinta años casi una vida laboral», recalca el director del centro de Las Vegas, que ha visto con sus propios ojos el «cambio radical» que ha sufrido un barrio «que tiene calidad de vida, humana , social y urbanística».
Para Vázquez, los dos momentos clave en su estancia en el concejo fueron los años lectivos de 1997-1998 y 2008-2009, cuando se fusionaron los tres centros educativos de Las Vegas en uno y el comienzo de las obras de la cancha polideportiva del colegio, respectivamente. «Aún tenemos pendiente la ampliación del colegio, pero vista la situación económica actual, tendremos que esperar, eso sí, estamos un poco apretados», afirma este docente que se define como un profesor flexible con sus alumnos.
José Ramón Vázquez asegura que durante más de treinta años de profesor «nunca ha sido duro» con sus alumnos. De hecho, destaca que se trabaja «mejor desde el cariño y mediante bromas». «Les doy complicidad a los críos y no me gusta castigarles y eso les llama la atención, tampoco soy de los que les atormentan con exámenes y controles», recalca. Su papel tanto como director como siendo profesor le ha llevado a «ayudar a los que más lo necesitan». «Los niños que son un poco trastos, inquietos, son los que más me interesan a la hora de dar clase», añade el profesor.