SAÚL FERNÁNDEZ
Llueve, pero él quiere pasear por el jardín. Ella, sin embargo, prefiere quedarse a cubierto. «Antes te gustaba la lluvia», le recuerda él. Hace doce años que no se ven. Hace doce años que ella tiembla, hace doce años que cuando ella piensa sólo lo hace en el hijo perdido. Hace doce años un coche se llevó a Jacobo y el mundo se detuvo. Con su marcha se fue también la vida compartida de una pareja que al final se reencuentra en un frío pabellón de un cementerio sin almas. «Antes te gustaba la lluvia» es un melodrama sobre la necesidad del dolor, sobre la ruptura con el tiempo y sobre el futuro a la vuelta de la esquina.
El teatro Palacio Valdés acogió el viernes su último estreno nacional, el debut del actor Miguel Ángel Solá como director de escena. Dentro de unas pocas semanas el odeón local cierra por obras. Hasta abril, en principio. En marzo, además, Antonio Ripoll se jubila después de casi veinte años al frente de un teatro que se ha convertido en uno de los centros culturales más importantes de España; referencia de aplausos, referencia de estrenos, capital de la escena.
«Antes te gustaba la lluvia» se estrenó ayer en España y, casualmente, ayer también se estrenó en China. La escritora holandesa Lot Vekemans debutó en el teatro de texto en 2009. Es una veterana en la escena, pero, como recordaba Solá tras la función, «no había experimentado con el teatro de presentación, nudo y desenlace». Roland Brower, el traductor de la obra, asistió el viernes al estreno nacional. «Antes te gustaba la lluvia» todavía no ha sido publicada en España. Y es una lástima. Merecería la pena poder leer alguno de los diálogos que se escucharon anteanoche sobre las tablas del Palacio Valdés.
Él es Sergio Otegui, y ella, Blanca Oteyza. Dos actores que dan aliento a dos personajes solos y tristes; derrotados por la pérdida. Vekemans disecciona el dolor y concluye que las grietas del alma son un tesoro. Lo dice él: «Si después del dolor no hay nada, ¿no estaremos haciendo algo mal?» El matrimonio se quebró cuando el dolor del hijo ausente consumió, como un agujero negro, toda la energía de la pareja feliz. La primera pérdida llevó a la pérdida de los dos y todo esto, al final, al portazo y al anochecer del Año Nuevo.
Miguel Ángel Solá consigue que un espectáculo que hubiera podido ser llorón se quede sólo en acongojante. La pareja tirita y se enfrenta a los días que vendrán desde las dos orillas de la tristeza: la resignación y cierta satisfacción. Cuando el dolor es la razón de vida, la vida es esparto. El tiempo pasa, «el mundo yira y yira», como dice el tango. Y así se puede disfrutar del vino y de los trozos de queso tendidos sobre el suelo recorrido por venas de calor. «Antes te gustaba la lluvia» es una función de actores, un duelo de florete a primera sangre. Tanto Otegui como Oteyza logran congelar el ánimo de los espectadores. Y llegan a la meta conducidos por la mano sabia de un director de escena debutante pero, a la vez, en estado de gracia.
Ella fue la que propició el encuentro, ella olvida el pañuelo... Los dos personajes solos y tristes rompen el paréntesis de doce años. La vida es lo que sigue a los puntos suspensivos. El dolor, al final, es un ancla en el fondo de un mar congelado.