Los pilares de La Magdalena Una imagen con tres décadas de historia

El primer instituto mixto de Avilés cumple 30 años, los mismos que llevan en el centro Inés Fernández y Adelina Fernández

26.03.2012 | 05:47

Marta PÉREZ

El 26 de junio de 1981, cuatro días después de que el Congreso de los Diputados aprobase la ley del divorcio, abría sus puertas en Avilés el primer instituto mixto de la ciudad. Chicos y chicas podrían mezclarse por fin en las aulas, igual que lo hacían en el resto de espacios de su vida. Las cosas empezaban a cambiar. Han pasado treinta años desde aquel primer curso, pero muchos se refieren aún al instituto de La Magdalena como «el mixto». Testigos directos fueron Adelina Fernández e Inés Fernández, profesoras de idiomas desde entonces. Las llaman, con cariño, los pilares de La Magdalena.


Inés tenía 28 años y Adelina 34 cuando llegaron a La Magdalena desde el Carreño. «Nos apetecía mucho entrar. Era una experiencia nueva, ilusionante, con un equipo joven», recuerda Adelina Fernández, profesora de francés. Inés Fernández, profesora de inglés recuerda que no se lo pensó dos veces: «Era un proyecto nuevo, y lo afrontamos con ilusión». El proyecto no las decepcionó, en La Magdalena encontraron su sitio, y ahí han permanecido durante tres décadas tan a gusto.


Por sus clases pasaron durante estos años tal cantidad de planes de estudios que no consiguen enumerarlos. «La enseñanza siempre es igual, por muchos planes de estudios que vengan. Es un producto. Convences a los estudiantes de que hay algo que necesitan comprar», resume Inés Fernández. Y también, en estos años, han visto como la asignatura de una -inglés- ha ido comiendo terreno hasta ganar la partida a la de la otra -francés- que hace treinta años era primer idioma. Adelina Fernández no tira la toalla, y medio en broma medio en serio dice a su compañera que «un día de estos puede dar la vuelta la tortilla».


Esta competencia sana se refleja también en un sereno intercambio de opiniones sobre los tiempos pasados y presentes en las aulas. No consiguen ponerse de acuerdo. Adelina echa de menos «las formas y el respeto a la figura del profesor», e Inés opina que «no siempre cualquier tiempo pasado fue mejor» y que «si la sociedad ha cambiado, en las aulas también se refleja ese cambio social; no son ajenas». La profesora de francés cree que los alumnos de ahora viven la relación con el profesor «con más naturalidad» y que parece que el cambio «se produjo de un día para otro, sin una transición». Ella insiste: «Nunca tuve ningún problema, pero ahora tengo que pelear más por el comportamiento». Su homóloga en inglés, Inés Fernández, cree que «cada alumno es un mundo, y que no se puede generalizar».


En lo que sí coinciden las mujeres es en que el trabajo diario y constante es el único secreto del éxito en la vida. Es la receta que tratan de inculcar a sus alumnos en las aulas. En la retina de las profesoras más veteranas de La Magdalena quedan también los años difíciles, la recta final de la década de los noventa, cuando el centro estuvo a punto de cerrar por la falta de alumnos.


Hoy las cosas han cambiado. El centro enriqueció su oferta educativa, lo que se tradujo en un aumento del número de estudiantes. Además, el año pasado el instituto asumió a los alumnos y profesores que salieron del Suanzes como consecuencia de su fusión con el Valliniello. La Magdalena es hoy un referente en programas de innovación, y áreas como la filosofía, física y química, y también los idiomas.


«Me gusta la enseñanza. Si volviera a nacer cinco veces, cinco veces elegiría la enseñanza», resume la profesora de francés, que al final de la conversación revela un pequeño secreto. Podría estar retirada, jubilada en su casa, dedicando el tiempo a su antojo. Pero al cumplir los 65 pidió una prórroga para seguir enseñando en La Magdalena: «Estoy viuda y mis hijos viven fuera. Mi sitio está aquí. Soy la decana».

La inauguración del instituto «mixto», hace 30 años, dejó imágenes para el recuerdo, como la que puede verse sobre estas líneas. En ella, las autoridades y docentes están reunidos en el vestíbulo de entrada, para realizar un recorrido por las flamantes instalaciones de un centro que después protagonizaría uno de los episodios más singulares de la historia educativa de Avilés, cuando la comunidad escolar se plantó en bloque contra un cierre proyectado por Educación. Treinta años después, sigue abierto.

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