Un artista inglés compone una obra con material audiovisual del Cañón de Avilés

Andy Gracie, beneficiario de la primera beca de la Laboral y el Puerto, exhibe en Gijón "200 metros", fruto de varias inmersiones en el valle submarino

02.08.2015 | 04:39
Andy Gracie, ayer, en la presentación de "200 metros" en la Antigua Rula, con Rosa Aza, a su lado, y Lucía García.

Londinense de 1967 que lleva siete años afincado en Gijón, Andy Gracie tiene la formación de un artista tradicional, fundamentalmente en pintura y escultura. Las nuevas tecnologías y su interés por la naturaleza (el mar, por ejemplo) le han llevado a investigar en los entrecruzamientos de ciencia y arte. "Tienen mucho en común y comparten discurso", afirma.

Andy Gracie presentó esta semana en la sala Antigua Rula de Gijón su obra "200 metros", resultado de un proyecto con el que obtuvo el primer premio "Ciencias del mar", convocado por Laboral Centro de Arte y la Autoridad Portuaria de Gijón. La pieza que estará en la citada instalación del puerto viejo gijonés hasta final de año, incluye tres pantallas ensambladas que muestran datos e imágenes (sin iluminación, con linternas y con un disco cromático) tomados en el cañón submarino de Avilés.

¿Por qué ese interés por lo que ocurre precisamente ahí, a doscientos metros de profundidad marina? "Es el límite, un punto de cambio entre varios fenómenos; la división entre el mundo conocido y el no conocido", explica. Al acto de presentación de "200 metros" asistieron la presidenta del Puerto de Gijón, Rosa Aza, y la directora gerente de Laboral, Lucía García.

El tríptico de pantallas de "200 metros"se completa, como si fuera un frontispicio, con un mapa tridimensional y otra pieza más (incluida la cápsula con la que se tomó la información) que incluye una entrevista con el buzo profesional asturiano Andrés Rodríguez. Éste fue quien bajó al Cañón de Avilés, considerado el valle submarino de mayor profundidad del mundo. Andy Gracie agradeció en la presentación de su trabajo la ayuda del Instituto Español de Oceanografía (IEO), que tuvo al artista durante tres días a bordo del buque "Ramón Margalef".

"Me interesan los procesos del arte y la ciencia, que son las prácticas culturales que se plantean las grandes preguntas", dice Andy Gracie, muy interesado en el cultivo de distintas perspectivas que aporten a su obra una narrativa compleja, tramada desde varios puntos de visión.

Cuando se alcanzan los doscientos metros bajo el mar hay sólo oscuridad, plancton... "Es un lugar poco humano", hace resaltar el artista. Éste huye de la prescipción cuando se le pregunta por los significados artísticos de "200 metros". "Prefiero no dar un mensaje que sea fijo; me gusta más que el espectador saque sus conclusiones", responde. Y algo más: "Aprendí que el mar no perdona los errores".

Y es que, de alguna manera, esta instalación (Andy Gracie tuvo una residencia artística en Laboral) es consecuencia de la curiosidad y del encadenamiento de preguntas (motores del arte y de la ciencia), pero también de una inventiva capaz de agrupar en una cápsula híbrida subacuática la tecnología (sonar, camára, un hidrófono...) capaz de tomar esos registros submarinos. Algunos espectadores verán en "200 metros" un mero documento científico; otros, una indagación artística capaz de inquietar; y en la mayoría, es probable que se avive el interés por saber más de un espacio natural -el Cañón de Avilés- que de un tiempo a esta parte se ha puesto de moda, incluso entre los artistas.

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