Orgullo español en San Agustín

Los Reyes, recibidos con vítores y algún "¡Viva Asturias!", elogian la ciudad que fundó el avilesino Pedro Menéndez por mantener sus lazos con España y le regalan un cuadro de Favila

19.09.2015 | 14:54
Orgullo español en San Agustín

Han sido muchas las ocasiones en las que la Corona española ha tenido que luchar contra los elementos. Todo parecía indicar que nuevamente en San Agustín la suerte iba a ser esquiva y las tormentas y aguaceros torrenciales que durante toda la semana se habían cebado con la ciudad iban a continuar. Pero en esta ocasión no ocurrió así. La mañana llegó con un sol radiante, y aunque en el horizonte nubes negras amenazaban lluvia, poco a poco se fueron disipando en dirección norte: más tarde nos enteramos que habían descargado sobre Jacksonville, y el sol bendijo un día radiante.

Las calles amanecieron engalanadas con banderas españolas que invadían el paisaje de forma abrumadora. El gentío, que rebosaba, procedía de toda Florida: más de mil personas llegaron de Jacksonville, una cantidad aún mayor había arribado desde Tampa, otros tanto de Orlando, de Tallahassee, de Miami, de Gainesville, DeLand, Daytona, Cabo Kennedy? de toda Florida.

También de España. Especialmente numerosa fue la expedición menorquina. Todos aguardaban desde muy tempranas horas la llegada de los Reyes. Con puntualidad, la comitiva real llegó al Castillo de San Marcos (una de las más importantes muestras de arquitectura militar de Estados Unidos) y saludó a los "former mayors" y a las autoridades de la fortaleza que jamás fue tomada.

Después de la visita al castillo la próxima parada fue en las dependencias municipales. Allí, en un amplio salón de recepciones decorado al estilo art déco, esperaba la corporación municipal de San Agustín con la alcaldesa Nancy Shaver a la cabeza. Pero también estábamos con ellos cuatro avilesinos: el pintor y escultor Favila, el fotógrafo y editor Nardo Villaboy, mi esposa y yo.

Fueron numerosos los regalos que les entregaron a los Monarcas procedentes de la ciudad, pero también desde toda Florida. De todos ellos, una cuidada selección fue hecha por las autoridades americanas y la Casa Real pero, finalmente, solamente cuatro fueron los elegidos para ser entregados de forma personal a los Reyes en el Salón. Don Felipe y Doña Letizia, acompañados por el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, entraron en el Salón de Recepciones y saludaron a la fila de personas que los aguardaban.

Luego se pararon delante del cuadro de Favila, que representa a Pedro Menéndez de Avilés delante de la iglesia de San Nicolás. Este fue precisamente el regalo que los Reyes ofrecieron a la ciudad de San Agustín y que fue entregado a la Alcaldesa por los Monarcas.

Después se acercaron a la mesa contigua y allí recibieron un monolito de la Constitución de Cádiz (del que existe una réplica en Avilés) hecho a escala y decorado por alumnos de Secundaria de los Institutos de San Agustín, dentro del proyecto Obelisco 450 de Ciudades Compasivas.

A continuación un colgante de plata también con un pequeño obelisco de la Pepa, realizado por el joyero artesano local Joel Bagnal y, por último, el libro sobre el hermanamiento de Avilés y San Agustín. Los autores, que estábamos acompañados por Len Weeks, presidente de la Sister Cities Association, entidad promotora del libro y antiguo alcalde de la ciudad, departimos durante unos minutos con los monarcas, al igual que lo había hecho con anterioridad el artista avilesino de origen moscón Amado Favila.

Posteriormente los Reyes firmaron en el Libro de Honor de la ciudad y, despidiéndose de los presentes, salieron en dirección a la Casa del Gobernador.

Desde el balcón de la mítica casa de gobierno, adornado con una inmensa bandera española, saludaron a la multitud reunida en la plaza de la Constitución, en torno al obelisco de "La Pepa". El Rey dirigió a los presentes unas palabras, primero en inglés y luego en español, momento en el que recibió un atronador aplauso.

Su discurso fue de agradecimiento hacia las personas y las autoridades de San Agustín, por seguir amando y preservando el legado español y por sentirse orgullosos de su pasado hispano. La respuesta fueron varios vivas a España, al Rey y a Asturias. Luego los Monarcas se dirigieron a la Catedral, en donde fueron recibidos por el Obispo de la Diócesis de San Agustín, Monseñor Felipe de Jesús Estévez, para inmediatamente dirigirse al jardincillo contiguo a la basílica/catedral, en donde estaban congregados los "menorquinos": tanto los residentes en la ciudad descendientes de los menorquinos que habían recalado en San Agustín hace ya más de dos siglos, como de los llegados desde España. Todos ellos portaban banderas mallorquinas y españolas y se alinearon en torno al monumento que en honor de este grupo se ha erigido en dicho lugar. Los Reyes, acompañados por el Obispo, saludaron pacientemente a todos los presentes. Luego fueron solicitados para la foto de rigor en torno al monumento. La Reina se resguardó bajo la sombra benefactora de unos árboles en el lateral del jardín y, cuando los "menorquinos" estaban ya posicionados y el Rey con ellos, preguntó al "ayuda de cámara" que los acompañaba: "¿Curro, está ya todo listo y preparado?". Entonces la Reina Letizia abandonó la sombra y se dirigió al grupo. El sol lucía radiante y el calor, junto con la humedad, apretaba de lo lindo. Permanecer al sol era en ese momento un sacrificio bastante costoso.

La reunión del Foro Económico Hispano/Norteamericano y distintas actividades más, aguardaban a los monarcas después de una comida con las autoridades. San Agustín de la Florida demostró una vez más atesorar un corazón español y avilesino del que se siente orgullosa.

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