La ciudad más antigua de EE UU conmemora su nacimiento

La tierra que enamoró a Brucke

Los padres de una joven de Jacksonville que visitó Avilés en un intercambio en 2002 y después falleció atesoran la fascinación que la ciudad causó en su hija

21.09.2015 | 04:40

Los amigos de la Crónica Negra sobre España aseguran que cada vez que llueve en San Agustín cuando hay celebraciones sobre alguna cuestión relativa a Pedro Menéndez -y parece que sucede esto a menudo-, se debe a las lágrimas de Jean Ribault, el corsario enviado por Coligny a arrebatar a España el territorio de Florida. Pedro Menéndez lo derrotó a él y a su lugarteniente Landonnier y, mientras el segundo logró escapar a las Carolinas, Jean fue ejecutado junto a otros doscientos franceses en la que desde entonces sería llamada la bahía de Matanzas.

Las lágrimas de Ribault, serían las lluvias que acosan a cada celebración que se hace en torno al gran marino avilesino. Se olvidan los que esto propugnan que también debe de haber lágrimas por los marineros españoles que Ribault pasó a cuchillo poco antes del encuentro con Menéndez en las costas de Florida, en número de unos sesenta; o por los más de cinco mil hugonotes, que pocos años más tarde de la fundación de San Agustín, aprovechando las bodas de Enrique de Navarra con la Reina Margot, fueron muertos en París por los propios franceses, entre ellos el héroe francés mariscal Coligny.

La semana de la visita del Rey de España a San Agustín fue pródiga en lluvias. Todos los días el cielo nos obsequió con grandes aguaceros que inundaron el centro de San Agustín. Pero el día de la visita del Rey se obró el milagro, el día amaneció y se mantuvo radiante hasta la noche. Así que los habitantes de la "oldest city" (la ciudad más antigua de Estados Unidos) exclamaban por las calles: "Thanks my God. One more time Menendez defeat Ribault. One more time Menendez is the winner". ("Gracias, Dios. Una vez más Menéndez derrota a Ribault. Una vez más Menéndez es el ganador").

No debemos olvidar que Menéndez perdonó a las mujeres los ancianos y los niños, y también a tres músicos, uno de ellos de apellido Carboine, que era clavecinista y fue enviado por Menéndez a Avilés. Cuenta la leyenda que se asentó en Sabugo y dio lugar a una larga saga de organistas a los que, la picaresca popular "sabuguera" cambió su apellido francés por el de Cabrón. Tal es así que por mucho tiempo fue muy difícil encontrar un organista en Avilés que no fuese Cabrón? de apellido.

Pero volviendo a la visita Real a Florida, cabe recordar que comenzó a principios de la pasada semana, con parada en Miami, en donde los Monarcas obsequiaron al Dade College con la Colección de Grabados Tegesta, compuesta por siete piezas realizadas por el avilesino Favila y que ilustran el libro "Las aventuras de Pedro Menéndez". Fue pues, el tercer regalo de los Reyes a las autoridades norteamericanas con sello avilesino: el del talento de Favila.

Las últimas horas de la estancia de los Reyes en San Agustín transcurrieron en el Flagler College Dining Room, en una cena de despedida, cuyo menú, servido por el Hilton Historic Bayfront Hotel, constaba de los siguientes platos: Entrantes de cangrejo de roca satinado con leche de coco y albahaca tailandesa y acompañado con puré de plátano habanero. Primer plato de ensalada mixta de atún con verduras servidas con albahaca tailandesa y con salteados de maní. El vino servido fue Chenin Blanc-Viognier, Pepi de California. Segundo plato de costillas estofadas con miel de jengibre y servidas con una salsa Lychee y una salsa juliana. El vino servido fue Vivanco Reserva, de España. Los vegetarianos tuvieron como opción un risotto de espárragos. Los postres consistieron en dulce de leche en rollos de cinamomo y natillas. Vino servido: Vino Dulce, Late Harvest, Napa Valley de California.

Los Reyes se despidieron de San Agustín y de Florida tras la cena y pusieron rumbo a Francia, para asistir a la final del Europeo de Baloncesto que se celebró ayer.

Sin embargo las jornadas avilesinas en San Agustín no terminaron para esta pequeña delegación avilesina. La visita al Obispo de la diócesis Monseñor Felipe de Jesús Estévez, al que se le hizo entrega de un ejemplar del libro sobre la Historia del Hermanamiento entre San Agustín y Avilés así como la estancia con los padres de la tristemente desaparecida estudiante americana Brucke Judith LaDue que visitó Avilés en el intercambio de 2002 y que falleció en desgraciado accidente de tráfico en 2004 fue también un hecho de gran emotividad. Len Weeks y los autores del libro nos desplazamos hasta cerca de Jacksonville donde viven Ted y Carolyn, padres de Brucke, para un símbolo de la amistad entre los jóvenes avilesinos y floridanos. Para terminar la crónica vaya unas palabras de la propia Brucke que publicó en un diario local poco antes de su muerte y que describen su impresión del viaje que hizo a Avilés con sus compañeros:

"La tierra en España es hermosa. Hay una gran cantidad de montañas. Antes de venir a España, ya me encantaba conocer este país por esa razón. Pero al par de días de llegar, me di cuenta de que no se trataba de la tierra. Lo que realmente me gustaba de este lugar era la gente, las personas de España y todo lo que quiero hacer es pasar mi tiempo con ellos. Las gentes de Avilés me parecen personas felices. Siempre están sonriendo y riendo. Ellos siempre se ofrecen a compartir lo que tienen Si tienes sed, van a compartir su bebida y si tienes hambre, van a compartir su comida contigo sin siquiera pensar en ellos primero. La gente de España es muy generosa. Por primera vez en mi vida me siento como si pudiera vivir en otro lugar aparte de América. Siento a Avilés y España como mi verdadero hogar, como mi segundo hogar, y para mí, todas sus personas son mi familia".

¿Qué añadir a las palabras de Brucke? Solo decir que al transcribirlas no pude reprimir la emoción. Brucke puede ser el paradigma del hermanamiento entre las dos ciudades. Yo estoy seguro que sus compañeros de Avilés la recuerdan y que se alegrarán al leer lo que ella pensaba de ellos y de su ciudad.

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