Ponga: "Las empresas saben lo bueno que es tener un puerto a la puerta de casa"

Manuel Martín Ledesma asegura que en la Edad Media el refugio para los barcos que otorgaba la ría de Avilés era "el mejor del Cantábrico"

23.09.2015 | 04:03
Manuel Ponga y Manuel Martín Ledesma, ayer, en el Club LA NUEVA ESPAÑA.

"En Avilés tenemos la suerte de que no se ha deslocalizado todavía ninguna empresa, y en parte es gracias al puerto. Nadie se quiere marchar de aquí teniendo un puerto a la puerta de casa". El expresidente de la Autoridad Portuaria de Avilés Manuel Ponga subrayó ayer de este modo la importancia que supone para la ciudad contar con esta estructura, que ha sido capital a lo largo de toda su historia. Ponga abundó en este mensaje: "Es cierto que Alcoa está pasando dificultades, pero en parte aguanta gracias al puerto, y también lo utilizan otras empresas como Azsa y Arcelor Mittal; es una suerte que tengamos este puerto de barra y que en él se hayan hecho todos los trabajos y dragados que se han realizado".

Ponga intervino ayer junto a Manuel Martín Ledesma -expresidente y exdirector de la Autoridad Portuaria- en un acto que organizó el Club LA NUEVA ESPAÑA en colaboración con el Grupo Filatélico Avilesino y en el que se conmemoró el siglo de historia de la Autoridad Portuaria. Ledesma se encargó de hacer un repaso de toda la evolución histórica de la infraestructura, desde el esplendor de la época medieval y hasta las últimas ampliaciones en la margen derecha de la ría avilesina.

Para Ledesma, no hay duda: "El de Avilés fue el mejor puerto del Cantábrico". Y esto tanto por razones geográficas como históricas, que el expresidente ejemplificó en el hecho de que Avilés hubiera recibido el Fuero en 1085 (confirmado en 1155), un siglo anterior a los de otras ciudades con puerto importante como San Sebastián y Santander. Y muy anterior al de Bilbao (1300) que, según Ledesma, es el que guarda características orográficas más similares con el puerto avilesino. También se refirió al testimonio del cartógrafo Pedro Texeira, quien lo definió como "la barra más fácil de tomar de la costa cantábrica, ya que no entraña tanto peligro, aunque el fondo no sea mucho".

De los años de esplendor medievales, el puerto vivió luego la decadencia en la Edad Moderna y llegó al resurgimiento a partir del siglo XIX. Con el calado de 1 metro en bajamar, los constructores de navíos tuvieron, según Ledesma, el acierto de continuar construyendo barcos de pequeñas dimensiones, que fueron los que hicieron la "carrera de las Américas", llevándose a los asturianos al nuevo mundo.

Finalmente llegó la Junta de Obras del Puerto, que se puso en marcha en mayo de 1915 a petición de la Cámara de Comercio. Con ella comenzó también el siglo de las grandes transformaciones de la ría. El calado pasó primero a ser de 12 metros, en 1994, y llegó en la actual década a 14 metros. "Y el número de personas que durante todo este tiempo trabajaron en la Junta de Obras fue de 950", añadió Martín Ledesma.

Nueve años "muy fructíferos" fueron los que pasó al frente de la Autoridad Portuaria Manuel Ponga. "Este puerto lo merece todo, nunca nos paramos a pensar que era una ría pequeña. Es cierto que la entrada es difícil, pero ha tenido la suerte de tener unos directores que han hecho de él un puerto importante en la categoría de puertos de segunda". En su reconocimiento a los directores, Ponga tuvo un recuerdo especial para Antonio Navarro: "No se le hizo suficiente justicia".

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