02 de octubre de 2015
02.10.2015

Un futuro con coches impulsados por hidrógeno y baterías casi inagotables

Méndez Pérez prevé un esplendor de la nanotecnología "cuando consigamos acortar los tiempos de investigación"

02.10.2015 | 03:59
Un investigador del ITMA manipula nanotubos de carbono fijados sobre una oblea de silicio.

El premio "Príncipe de Asturias" de Investigación Científica y Técnica Emilio Méndez Pérez hizo soñar ayer a los asistentes a su conferencia en el Centro Niemeyer de Avilés con un futuro donde las baterías de los teléfonos móviles durarían varios días cargadas y los coches circularían impulsados por hidrógeno y en consecuencia no emitirían gases tóxicos a la atmósfera; una civilización, esa de la que habló el experto en nanotecnología, que tendría acceso a energía limpia casi sin límite (gracias a células fotovoltaicas de altísimo rendimiento) y que consumiría artículos cotidianos fabricados con grafeno con la misma familiaridad que hoy tiene el plástico.

Esas y otras muchas más son aplicaciones teóricas de los trabajos de investigación que desarrolla el centro científico de Estados Unidos donde trabaja Emilio Méndez Pérez, si bien no hace falta cruzar el Atlántico para encontrar otros laboratorios que persiguen los mismos objetivos, el ITMA de Avilés sin ir más lejos tiene un departamento especializado en esos campos de I+D.

Emilio Méndez precisó que "más que de revolución nanotecnológica hay que hablar de evolución" y del mismo modo atemperó el optimismo que generó hace unos años la disciplina científica de lo ultraenano: "Los resultados tangibles van un poco más lentos de lo que se esperaba hace quince años, pero creo que pronto se acelerarán porque -al menos en Estados Unidos- las administraciones han decidido dirigir los esfuerzos al desarrollo de aplicaciones concretas de los avances científicos que puedan ser utilizadas y rentabilizadas por las empresas". Investigar, explicó el ponente, sale caro a corto plazo; de ahí la necesidad de dirigir el esfuerzo de la I+D a lo que demandan las empresas. Un dato ilustra esa carestía que refirió Emilio Méndez: el último modelo de los microscopios electrónicos que permiten desentrañar los misterios de la materia a escala nanométrica vale 3 millones de dólares.

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