Las cartas de Avilés y Comarca

Política para todos

13.10.2015 | 01:47

Cuando un Gobierno legisla de la forma en que éste lo hace y rescata con dinero público al sector bancario para parchear sus chapuzas y malas prácticas como ya se ha hecho, es que no gobierna para la ciudadanía ni tiene interés alguno en hacerlo, tan sólo gobierna para su propio partido y la telaraña de intereses creados por él. Así, arroja a la población en manos del azar. Despidos, desahucios... son personas que pierden su medio de vida. Pero pierden también el lugar en el que poder vivir más los ahorros invertidos en ello, a manos de los bancos que hacen un negocio más que redondo, esférico. Todo ello con la complicidad de un Gobierno que mira para otro lado.

¿Qué queda para esas personas que hasta las pensiones se les han cercenado? Casi con total seguridad se les conduce a la muerte, por falta de recursos económicos, de vivienda y de cobertura sanitaria, que también ha sido seriamente mermada por un Gobierno que contempla su propio ombligo y nada más.

Destino cruel dictado por el propio Estado que debiera velar por sus ciudadanos y ciudadanas. Cuando un Gobierno actúa con semejante nivel de abyección, debe replantearse su labor y su misma existencia como Gobierno y como partido, mientras que la sociedad debe borrar y empezar de nuevo.

Es imprescindible, y hasta urgente, solidificar la idea de una democracia activa, a diferencia del triste escaparate visto hasta ahora. Programas participativos y políticas inclusivas como detalles característicos del método a seguir, abandonando por siempre el obsoleto e inútil modelo actual. Su ineficiencia se ha hecho patente en repetidas ocasiones.

Las políticas que se decidan deberán ser para beneficio de toda la sociedad, con la economía como una herramienta al servicio de ésta, en contra de la corriente imperante, con la sangría de vidas destrozadas como consecuencia de la postración hacia la economía. No todo se mide en términos de mercado, y ese mercado debe subordinarse a la democracia, la más alta prioridad actual y futura.

No existe una solución total que traigan en el bolsillo los partidos políticos, aunque ayuden. La solución la tienen en su mano los ciudadanos y ciudadanas; es decir, todos nosotros. Somos los que tenemos la capacidad de revitalizar la democracia, de alcanzar su plenitud. Con una apreciable calidad de vida y necesidades básicas cubiertas: alimento, vestido, trabajo, vivienda y posibilidad de ejercitar la condición de ciudadano/a mediante el arte y la cultura, el deporte, y otras actividades.

Es tarea de todos nosotros, no sólo de los militantes de los partidos, ni de los afiliados sindicales. Luchar o caer, términos duros pero realmente sencillos de entender, no es ningún secreto. Hay que hacerlo, no hay que limitarse a las elecciones y luego ejercer de espectador con derecho al pataleo, así no vamos a ningún lugar.

Tragar y tragar hasta que pase el temporal. ¿Cuánto llevamos haciéndolo? Mucho, y el temporal no pasa, se queda ahí; con esa actitud el temporal se instala en nuestras vidas a perpetuidad hasta que nos muramos de asco. Hay que cambiar por completo las formas de llevar la vida, para que podamos vivir todos, pero vivir de verdad, no sobrellevar una penosa existencia. Pensemos más, leamos más y actuemos como si la vida nos fuera en ello, porque así es efectivamente.

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