El archivo de Azsa es un filón

La siderometalúrgica de Castrillón abre el lunes al público las puertas del edificio donde guarda miles de documentos y objetos que condensan su historia

21.10.2015 | 04:12
Azsa abre el lunes al público las puertas del edificio donde guarda miles de documentos y objetos que condensan su historia
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El archivo de Azsa es un filón
El archivo de Azsa es un filón

Asturiana de Zinc (Azsa) se suma al Año europeo del patrimonio industrial y técnico, una iniciativa del Consejo de Europa, con la organización, desde el próximo lunes, de unas jornadas de puertas abiertas de su archivo histórico que concluirán el viernes día 23. Serán las cuartas jornadas de este tipo, y como en ediciones anteriores se ha elegido una pieza fetiche que a buen seguro atraerá la atención de los visitantes por su simbolismo; se trata de una talla de Santa Bárbara que estaba guardada -y olvidada- en un salón de la Casona de Arnao (antigua morada del director de la fábrica) y que ha sido trasladada al archivo para su exhibición durante la próxima semana.

La Santa Bárbara de Arnao, como recordarán los viejos del lugar, era objeto de veneración especial entre la comunidad minera de la zona, que la tiene por patrona, lo mismo que los fundidores, un ramo profesional que también fue abundante en la localidad por la actividad de la fábrica de cinc. La imagen en cuestión, a diferencia de otras similares que se representan asociadas a una espada o un rayo porta en su mano derecha una rama de olivo, símbolo del martirio de que fue objeto, según la tradición cristiana, Bárbara de Nicomedia, la mujer del siglo III que dio nombre a la advocación.

Más allá de la recuperación de la pieza religiosa, la apertura al público del archivo de Azsa depara la oportunidad de reencontrarse con la historia de la compañía y con la de sus antecesoras en la zona, la Real Compañía Asturiana de Minas (RCAM) y la mina de Arnao, hoy en día reconvertida en museo. Los organizadores de las jornadas divulgativas proponen un viaje al pasado que abarca 185 intensos años de actividad minera e industrial, todos ellos condensados en cientos de miles de documentos (se estima que el archivo guarda más de dos millones de ellos) y una colección única de objetos, herramientas, muebles, enseres y demás parafernalia relacionada con el mundo minero y fabril.

Según reseña el archivero, Alfonso García Rodríguez, "pocas empresas de Europa y probablemente ninguna de España puede presumir, como Azsa, de tener un tesoro histórico como el que estos días se enseñará en Arnao, un patrimonio documental que abarca desde 1833 al año 2000, con gran variedad tipológica de contenidos, íntegro en el sentido de que todas sus series temáticas están completas y exhaustivo como evidencia el hecho de que sus fondos están íntegramente catalogados y ocupan más de un kilómetro lineal de estanterías".

Repartido en diferentes salas, el visitante podrá contemplar libros, mapas y planos, mobiliario, instrumental técnico, imágenes y objetos ciertamente curiosos, muchos de ellos fabricados con cinc, el metal en el que se especializó la RCAM y su heredera natural, Azsa. Entre esos asombros "cacharros" metálicos merecen mención especial las 220 cajas fabricadas por los antiguos empleados de la fábrica de Arnao para guardar los documentos del archivo; se trata de recipientes debidamente identificados, a razón de dos por año y que guardan papeles originales del periodo comprendido entre 1833 y 1956, cuando dejaron de usarse como recipientes de archivo.

"Aparte de ser un material que abundaba en Arnao porque se fabricaba aquí mismo, el cinc tiene grandes virtudes frente a otros materiales: no oxida, no rompe, no se corrompe... es casi indestructible. Tiene tantas ventajas que no es de extrañar que lo mismo lo usarán para hacer archivadores que para encuadernar libros o fabricar cajas de herramientas", explica el archivero de Azsa.

Del rigor y la exhaustividad archivística de la que hicieron gala Azsa y la RCAM durante el pasado habla por sí solo el hecho de que en el archivo histórico de Arnao se conserva la práctica totalidad de las cartas recibidas por esas compañías entre los años 1834 y 1980, así como los copias de todas las enviadas entre 1836 y 1980. "No hubo siquiera expurgos; el valor de ese material documental, que abarca periodos de la historia tan relevantes como las dos guerras mundiales , es incalculable", destaca Alfonso García Rodríguez.

Los interesados en bucear en este peculiar universo de historia empresarial pueden apuntarse a las visitas guiadas que comenzarán el lunes en los teléfonos 985 507 940 y 985 530 400.

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