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El ambicioso proyecto de un avilesino que sufre la enfermedad maniaco-depresiva

Pedaladas en demanda de justicia social

Juan Manuel Rodríguez lleva rodados 35.000 kilómetros en bicicleta en defensa de la salud mental y prevé completar la vuelta al planeta

25.10.2015 | 03:45
Arriba, Juan Manuel Rodríguez en el puerto del Ulu Dag, en la provincia de Bursa, Turquía, en 2007. A la derecha, el ciclista, este año, en el paso Hito Cajón, que separa Bolivia y Chile.

Juan Manuel Rodríguez, "Cicli", viaja con el trastorno bipolar en las alforjas de su bicicleta. Sueña con dar la vuelta al mundo y ya acumula 35.000 kilómetros en sus piernas. Su meta es la normalización de las enfermedades mentales, patologías que tienen en común su invisibilidad. Hace solo unos días llegó a Avilés, su ciudad, después de recorrer América del Sur desde Ushuaia (Argentina) a Potosí (Bolivia). Antes pedaleó por Turquía, Suecia, Marruecos... Su objetivo es seguir dando vueltas a un mundo que a veces considera injusto: "Es humillante que la sociedad nos niegue lo que yo creo que debería ser un derecho universal, que es el sentir diferente y tener una sensibilidad distinta a la de la mayoría".

Este avilesino de 48 años acostumbrado a las aventuras extremas -fue el primer "ironman" de la ciudad- sufre la enfermedad maniaco-depresiva, más conocida como trastorno bipolar pues lleva a quien la sufre del éxtasis de la felicidad al sinsabor de una caída. Juan Rodríguez circula así entre dos polos: la manía y la depresión. Pero no pierde la ilusión. Por eso pretende darse un tiempo de descanso y, en dos años, retomar su vuelta al mundo en bicicleta por África, Asia... A "Cicli" más que el destino le importa el mensaje. Pide "justicia social" a pedaladas. Y de la respuesta que recibe toma buena cuenta en sus cuadernos "cicloviajeros".

De su último viaje por América del Sur, Juan Rodríguez guarda enseñanzas que todavía no ha tenido tiempo a masticar. Pero no ha olvidado ni uno de los malos momentos que pasó, especialmente en Bolivia. "En alguna ocasión quise morir, que no matarme... Pero tengo que continuar con este proyecto, que mientras sea mío será también mi fracaso", confiesa el viajero, que se trajo del otro lado del Atlántico a su más fiel compañera, "Sarnosa", una perra que ahora vela por su sueño.

"Sé que esto es el altruismo de un bobo -que soy yo-, pero quiero que los que vengan detrás de mí con una enfermedad mental no se den tantos trompazos como me he dado yo", precisa. La semilla que Juan Rodríguez plantó hace ya años eclosionó días atrás, con la llamada telefónica de otra enferma mental venezolana. "Para mí esto ha sido la bomba, porque ayudar a los demás es uno de los objetivos de este proyecto que tiene una parte egoísta: quiero abrir puertas por las que yo quiero entrar, las mismas que quedarán abiertas para los demás", manifiesta.

Juan Rodríguez inició su vuelta al mundo hace varios años. Ni él mismo recuerda con exactitud cuándo comenzó a pedalear en defensa de la salud mental. "Llevo toda la vida luchando", dice. Primero hizo viajes cortos, de tres meses de duración. Recorrió Turquía y estuvo a punto de cruzar la frontera de Irán en bicicleta. "Ese día, al levantarme, me di cuenta de que la cabeza no me funcionaba bien y decidí regresar a casa sin hacer mucho ruido diplomático", explica este avilesino que trabaja en el Aeropuerto de Menorca.

Luego recorrió en bicicleta los kilómetros que separan Menorca de Marrakech, pedaleó por Suecia, donde participó en la Vasaloppet, la carrera de esquí de fondo más famosa de este país y dio, ya recientemente, el salto a América del Sur después de hacer algunos pinitos al otro lado del charco. "En Suecia me vi con mucha fuerza, así que decidí hacer una ruta larga de Santiago de Chile a Alaska, pero el viaje se truncó a medio camino", afirma.

De Santiago viajó pedalada a pedalada hasta Antofagasta, en Chile. Y de Chile a Bolivia. Cruzó puertos complicados y cinco mil metros de altitud, Juan Manuel Rodríguez mantuvo el tipo sobre la bicicleta. "Así me llevé una de las pequeñas satisfacciones del viaje", precisa. Luego todo se torció: "Me quedé sin ruedas y me enviaron un paquete desde España con recambios que tardó más de dos meses en llegar. Luego llegó la época de lluvias y salir era un desatino... Así estuve muchos meses en Bolivia, con problemas también en Extranjería".

"Cicli" tuvo entonces tiempo para meditar: "Vi cómo mataban a uno de mis perros, a 'Pikiñín', y tuve un punto de inflexión. Empecé a preguntarme entonces dónde está el umbral social que hace que los malos sean más malos". El viaje de Rodríguez por América se detuvo entonces en Potosí. Vivía de sus ahorros, en la calle, y dormía al raso. Solo de vez en cuando buscaba un lugar donde cobijarse. "A veces no recuerdo qué hice hace tres segundos, y este problema de concentración me trajo problemas", recalca. En el momento que pudo, Cicli regresó hacia Argentina, un país que lleva "muy cerca del corazón". Terminó su viaje en Córdoba. Luego volvió a casa, a Avilés, no sin problemas.

En Asturias seguirá haciendo girar su proyecto por la normalización de las enfermedades invisibles, las mentales. "Cicli" sabe lo que tiene entre manos. Juan Rodríguez sufrió los primeros síntomas de la enfermedad bipolar con 13 años. Hasta los 20 padeció alguna crisis, pero el trastorno era más o menos llevadero. Hacía deporte y tenía proyección, futuro como atleta. Entre los 22 y los 26 años empezó su época negra, pero en un atisbo de lucidez decidió que sus problemas de salud no iban a condicionar su vida.

Este avilesino aventurero pasa de un anormal estado de éxtasis a un pozo que puede ser visible o invisible para los demás según las fases, que van de suaves o leves hasta el delirio. De ahí su reto, también su sueño: "Creo que se es socialmente analfabeto si no se va más allá, que se pueden cometer muchas injusticias por falta de información sobre la enfermedad mental", concluye.

Juan Manuel Rodríguez seguirá dando vueltas al mundo con su inseparable bicicleta mientras sus piernas se lo permitan. Correrá también un "ironman" y seguirá difundiendo su proyecto para la normalización de las enfermedades mentales: "A todo el mundo le incomoda que le roben, pero es mucho más desagradable que no le reconozcan a uno lo que es suyo. Y esto es, exactamente. lo que le está pasando a muchos enfermos mentales". Solo por eso el reivindicativo "Cicli" volverá a subirse a su bicicleta.

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