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Cuando el vapor ahogó al Puerto

El director del Museo Marítimo atribuye el ocaso de los muelles de finales del XIX a la lenta adaptación tecnológica

26.11.2015 | 03:53

El Puerto de Avilés tardó bastantes más años de la cuenta en beneficiarse de uno de los paradigmas tecnológicos que, junto a la microelectrónica, más cambios ha propiciado en todos los sectores económicos. Se trata de la irrupción del vapor en la navegación marítima, una auténtica revolución en su momento -el ecuador del siglo XIX- a la que el puerto local le dio la espalda con un desastroso resultado que trajo secuelas. El director del Museo Marítimo de Asturias, con sede en Luanco, José Ramón García López, dedicó a este pasaje histórico -la transición de la navegación a vela a los barcos de vapor- la charla que impartió ayer en el Centro Niemeyer y que se enmarca en el ciclo de conferencias organizado con motivo del centenario de la Autoridad Portuaria de Avilés, antes Junta de Obras del Puerto.

José Ramón García situó la cuestión en los años prósperos de la Carrera de América. Las navieras con sede en el puerto de Avilés hicieron pingües beneficios con sus veleros trasatlánticos, que viajaban de bote en bote hacia tierras antillanas. Los pasajeros eran, de hecho, el principal tráfico comercial del puerto de Avilés. Pobre bagaje como se demostraría años después.

Con los primeros barcos de vapor, feroces competidores de los veleros mercantes, el negocio clásico de las navieras avilesinas cayó en picado, relató el director del Museo Marítimo; el desplome de los tráficos se notó también en el puerto, incapaz de defender con argumentos de peso la necesidad de acometer obras de mantenimiento, mejora o ampliación. El gran beneficiado de este cambio de escenario fue el puerto de Gijón, que en apenas dos décadas llegó a colapsar. "Justo es decir también" -apuntó José Ramón García- "que los navieros avilesinos carecían de estímulos para renovar su flota, pues la carencia de tráficos ajenos al pasaje en Avilés era muy grave: el cinc y el mineral de la Real Compañía Asturiana de Minas y poco más".

El primer vapor local matriculado fue el que rendía homenaje a la ciudad con su nombre -"Avilés"-, inscrito en 1873; para entonces, otros puertos del Cantábrico llevaban "echando fumo" más de una década. Como no hay mal que cien años dure, la llegada del ferrocarril a la comarca (1890) -y con el tren la posibilidad de tráficos de carbón- dio un nuevo impulso al Puerto, que salió de su letargo en los albores del siglo XX. Pero ese capítulo tocará analizarlo en las charlas sobre la historia portuaria avilesina que aún quedan pendientes de pronunciar en el Niemeyer.

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