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La investigación sobre el complejo cultural de la ría

Grueso cree estar imputado "por envidia" y que el Niemeyer "no levanta cabeza"

El exdirector del centro afirma que su investigación sólo se entiende "si uno está en un pueblecito donde el juez toma el vino con el alcalde"

02.12.2015 | 04:11
Natalio Grueso, a la derecha, junto a su abogado, Pelayo Mijares.

El exdirector del Niemeyer Natalio Grueso, que está imputado por un delito societario y otro de administración desleal relacionada con su etapa gestora del proyecto, dice estar siendo investigado "por pura envidia" y cree que el centro "no levanta cabeza". Así lo expresó en una entrevista concedida ayer a la agencia EFE, en la que se despacha a gusto, aunque sin nombrarla, con la Fundación que gestiona el complejo cultural de la ría, y también con el procedimiento judicial en sí. Según opina, la investigación en curso es "un disparate tan grande" que solo se puede entender "si uno está en un pueblecito tan pequeño como Avilés, donde el juez se toma el vino con el alcalde de turno".

Grueso, que se encuentra en plena promoción de su última novela ("Woody Allen, el último genio"), asevera, en la misma entrevista, que el centro generó beneficios muy superiores a la cantidad por la que está siendo investigado junto a su exmujer, J. P.; el agente de viajes con el que trabajaba, J. M. V.; su colaborador Marc Martí y el exsecretario de la Fundación del Niemeyer, José Luis Rebollo. "Avilés no es Londres ni Nueva York, sino que tiene 80.000 habitantes (...). El primer año multiplicamos el turismo de la ciudad por cuatro; el PIB (producto interior bruto) subió dos puntos solo por el centro; se duplicaron las plazas hoteleras y generamos noventa millones de euros de publicidad para la región. Y ahora están discutiendo 50.000 euros en viajes que dicen que están mal justificados", aseveró.

El perito del Fisco que colabora con la investigación a instancias del juez cifró en 69.573 euros la suma que el exdirector del centro cultural, su exmujer o familiares cargaron supuestamente al centro cultural pese a ser "gastos privados". Y atribuyó facturas indebidas por 42.000 euros a la exmujer de Grueso y otras por 50.000 al exempleado de la agencia de viajes, J. M. V.

El titular del juzgado de instrucción número 2 de Avilés ha concluido, tras más de dos años y medio de instrucción, que existen indicios de que Grueso pudo haber cometido un delito societario y otro de administración desleal. Su abogado, Pelayo Mijares, ha recurrido el auto. Grueso también se refirió en la entrevista a los argumentos que enumeró su representante legal, y sobre los que ya ha informado este periódico. El exdirector del Niemeyer aseguró que se le acusa de algo que "no pudo cometer", un delito societario, porque él era un mero empleado: "Ni siquiera era el administrador de la empresa". Y como ya expuso en varias ocasiones al juez, echó balones fuera y puso el foco en la presidencia de la Fundación (cargo que ocuparon las consejeras de Cultura) y en el propio patronato: "Si hay unas irregularidades en las cuentas, los responsables tendrán que ser quienes las formulan, es decir, el presidente de la Fundación, el secretario o los patronos, pero yo era el director artístico; a mí se me puede criticar si lo hacía bien o mal, pero nada más".

En ese sentido, subrayó, en la misma entrevista, que "ni tenía firma, ni acceso a las cuentas". "En ésta, como en todas las fundaciones, había un tesorero y se hicieron auditorías donde estaba todo en orden", apostilló. Preguntado por los viajes que, presuntamente, hizo con cargo a la Fundación -a Nueva York, París, El Cairo, Ammán, Lisboa, Viena, Roma y Atenas-, según la instrucción del juez, además de unas vacaciones a Bangkok, Grueso dijo que "claro" que hizo viajes. "Y tenía que haber hecho muchos más, y el resto del equipo también", afirmó, puesto que "traer a un sitio como Avilés dos estrenos mundiales de Woody Allen o tener a Brad Pitt, a Kevin Spacy con una obra de teatro, a Jessica Lange, a Julian Schnnabel (...) Pues claro que hay que viajar, esas cosas no se organizan por teléfono".

El escritor, que acaba de editar el libro "Woody Allen, el último genio", reiteró que el caso le produce "una pereza y un hartazgo tremendo" y puntualizó que la apertura del juicio oral "está todavía pendiente de recursos", lo que dilatará aún el proceso. Y concluyó: "Tan mal no lo haría. Desde que yo lo dejé, el centro no ha levantado cabeza".

Más información, en página 71

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