El abogado del Niemeyer acusa al hostelero del centro de "hacer de todo por no pagar"

El responsable de la cafetería "llegó a sacar un cuchillo y preguntar por el gerente" "Es un cabezón, pero cumplidor", dice el letrado de Ondina

18.12.2015 | 04:17
En primer término, Laura Martínez y su esposo, representantes del demandado; a la derecha, Carlos Cuadros, director del Niemeyer, ayer, antes del comienzo de la vista.

Duro relato durante la vista por el juicio que enfrenta a la Fundación del Niemeyer y al adjudicatario de la cafetería y el restaurante del centro. Eloy Uría, responsable de mantenimiento del complejo cultural de la ría, desveló que el hostelero, Enrique Martínez Ondina, "llegó a salir a la plaza enarbolando un cuchillo, diciendo que quería matar a alguien y preguntando por el gerente" debido al enconado choque que mantenía con la dirección. La Fundación del Niemeyer reclama al empresario el pago de algo más de 90.000 euros correspondientes a los cánones de la cafetería durante los años 2014 y 2015. Por contra, el responsable del local alega que es la Fundación la que tiene que abonarle a él las obras que realizó para poner en marcha su negocio.

El coordinador de programación del Niemeyer, Borja Ibaseta, y el director general del complejo, Carlos Cuadros, ratificaron durante la vista que las relaciones "eran manifiestamente mejorables". Por su parte, Gabriel Giraudo, el abogado de Ondina, fue un paso más: reconoció que su cliente era "un cabezón", pero también señaló que "es, fue y será un cumplidor". Lo que no explicó es por qué decidió armarse con un cuchillo para buscar "a alguien, al gerente". El responsables de mantenimiento sí ahondó en esta cuestión al señalar que la reacción de Martínez Ondina se produjo después de que él decidiera cambiar de sitio un lavavajillas que, en su opinión, causaba constantes averías en el desagüe de la torre mirador. "Esa fue la última vez que lo vi", aseguró Uría.

El hostelero, ausente

Martínez Ondina no acudió ayer al juicio promovido por la Fundación del Niemeyer, en el que estuvo representado por su abogado, por su hija, Laura Martínez, y por su yerno. Ángel Bernal, el letrado de la Fundación, admitió que la entidad que gestiona el complejo asumirá parte de las facturas que presentó Ondina, pero que no va a renunciar al cobro de los cánones. Y añadió que el concesionario "ha hecho todo lo posible para no pagar lo que debe".

Bernal achacó al concesionario del negocio -apoyado en el testimonio del jefe de mantenimiento- que Ondina no levantaba la regleta de los plomos cuando saltaban por exceso de consumo, algo que podía desprestigiar al centro. "O, de repente, saltaba la alarma porque no estaban conectadas las campanas antihumos de las cocinas", en palabras de Uría. "¿Sólo tenía que levantar la regleta?", preguntó Bernal al jefe de mantenimiento. "Sí", dijo éste.

Frente a este punto, Giraudo, el abogado de Ondina, echó mano de 36 partes de avería del ascensor de la torre mirador, con el objetivo de demostrar que las instalaciones no estaban en condiciones. "Todas fueron a partir del verano de 2015", dijo Uría. Pero el letrado sacó a colación partes de marzo y mayo. "¿Usted considera que marzo es verano?", preguntó. De los partes, 33 fueron por inundaciones, dos por vandalismo y uno por avería en la botonera. Giraudo aseguró que el mal funcionamiento del ascensor de la torre desmejoraba su capacidad de negocio. "Porque las escaleras serán muy de diseño, pero no son practicables", señaló.

"Hicimos lo posible para haber llegado a un acuerdo, pero fue imposible", reconoció Carlos Cuadros, el director general del Niemeyer desde septiembre de 2014, durante su intervención en la vista oral, que duró más de cuatro horas. Pocos minutos después, el juicio quedó visto para sentencia.

Según se probó, a Martínez Ondina se le comunicó que había ganado la concesión el 30 de abril de 2014. Se le dijo que debía abrir el 6 de mayo siguiente porque el día anterior el restaurador Koldo Miranda terminaba su contrato (fue el segundo concesionario del contrato de hostelería, el anterior inquilino de la fundación, que no puso ninguna pega a las instalaciones). Entre medias, Ondina participó del inventario de lo que se dejaba. Su abogado reprochó que entre la comunicación de la concesión y su puesta en marcha, el hostelero supo que tenía que subrogar a la plantilla anterior (Bernal aseguró que eso figuraba en el contrato y Pino del Río, antigua secretaria de la Fundación, recordó que la subrogación es clara cuando "no hay cambio de ubicación ni de servicio").

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