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"La justicia es lenta para meter entre rejas a quien ya debería estar", sentencia el párroco

Familiares y amigos despiden a Ascensión Amores en una ceremonia en la que Alfonso Abel Vázquez destacó "el fallo de todas las instituciones"

30.01.2016 | 05:02

Miguel Amores y María Porcel tenían ayer la mirada perdida, vidriosa. Ambos, octogenarios, buscaban el consuelo de su familia. En la iglesia del polígono de La Magdalena, el matrimonio despidió a su hija Ascensión, de 46 años. Esta avilesina al frente de la pastelería La Duquesita hasta el pasado lunes (último día que abrió el negocio) perdió la vida supuestamente a manos de su marido, Julio Pardo. Amores y Porcel eran el reflejo de la tristeza.

El funeral se celebró a las cinco de la tarde. Unas decenas de personas, entre familiares, amigos y clientes de la confitería, se dieron cita en el templo. El párroco, Alfonso Abel Vázquez, tomó la palabra y clamó justicia desde el púlpito. "Hoy no teníamos que estar aquí por la actuación desalmada de una persona que ya debería estar entre rejas. Es un día triste, una semana triste, no solo por la muerte de nuestra hermana Ascensión, sino porque todas las instituciones, incluida la Iglesia, hemos vuelto a fallar", sentenció.

Vázquez aconsejó: "No podemos dejar anidar en nuestros corazones odio y rencor. Pero quien hace esto debe pagar porque algunos no han tenido ni la vergüenza de pedir perdón". El párroco del polígono de La Magdalena es la segunda vez que oficia un funeral por una víctima por violencia machista. El primero, dijo, fue en el año 2010 en Oviedo, en La Corredoria. Entonces perdió la vida Isabel Larriet, de 59 años. "Han pasado seis años y la sociedad no mejora. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a nadie", dijo. Y agregó: "La justicia es lenta para meter entre rejas a quien ya debería estar. Y esto no es una página en blanco, esto es muy serio. La mente humana no entiende la atrocidad y esto no puede volver a pasar". El funeral por Ascensión Amores se prolongó durante aproximadamente media hora. Luego, a la salida del templo, sus amigos le regalaron un sonoro aplauso. Miguel Amores y María Porcel abandonaron el templo con el eco de las palmas hacia el cementerio, donde ya descansa su hija Ascensión.

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