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Luanco, con los cinco sentidos

José Manuel Fernández da un repaso a sus vivencias en la villa que le vio nacer durante el pregón de las fiestas del Socorro

01.02.2016 | 03:31
José Manuel Fernández, ayer, durante el pregón del Socorro.

José Manuel Fernández es un luanquín de pro. No solo ha sido el director del torneo de tenis-playa durante décadas, también guarda un puñado de recuerdos de su villa natal, de cuando era un niño y jugaba a la peonza y al gua. Fernández ha sido el pregonero del Socorro de este año en el instituto, un lugar en el cursó siete años del bachiller laboral en el que aprendió náutica, además de nociones básicas de carpintería, estructuras metálicas y electricidad. "En el salón de actos nos proyectaban documentales y películas. Antes no había butacas y cada uno llevaba la silla de su pupitre", relata.

Años atrás, acudió al colegio en lo que hoy es el Museo Marítimo. Recibió clases de don Jenaro, don Avelino y don Eugenio, entre otros. Durante los recreos tomaba leche en polvo. De sus primeros años de vida tiene grabado a fuego aquellas tardes en Casa El Aldeano, el negocio hostelero que abrió su abuelo paterno José en 1920. Por ese local próximo a la plaza de La Ribera pasaron cientos de luanquinos que compartían anécdotas con él y su familia. La memoria del exdirector del tenis-playa no se olvida de Paco el del Alsa, Manolo el veterinario, Pepe y Ramón Basilio o Angelín el Guache, entre otros. "Cada día al caer la tarde, José El Roxín bajaba del Rebuñón y entraba en el bar para presidir una gran mesa, consumir su media botella de vino y fumarse varios pitillos que liaba ceremoniosamente con el librillo que guardaba en el bolsillo de su inseparable chaleco", recuerda Fernández.

La memoria de José Manuel Fernández también es auditiva. Los sonidos de la sirena de la conservera de Cabo Peñas aún resuenan en su cabeza. "Rompía la atmósfera tranquila del pueblo para marcar la hora de entrada y salida de los empleados. También el repicar de las campanas de la iglesia y, en Semana Santa, el ruido ensordecedor de las carracas que anunciaban las procesiones e incluso la llegada del Alsa que, con su bullicio, recordaba la hora del día", apunta el pregonero. Por aquel entonces, en los años cincuenta, se escuchaban los gritos del afilador por las calles y el rebuznar de los burros al acercarse a la plaza de abastos. También sonaban las guitarras en las veladas del bar La Playa. "Tocaban Ramón 'El ayudante', César Pola, Francisco Artime...", dice.

Los olores también tienen un hueco importante en su memoria: el de salitre, a pescado cocido que procedía de las conserveras, las marañuelas y los bollos que "todo el mundo cocía en las panaderías de Benigno, Secades y Fleta".

Y cómo no, José Manuel Fernández se detiene en las fiestas del Socorro, en las procesiones y la banda de música dirigida por Alfonso Ruiz. "Siempre procuré encontrar un hueco y realizar la escapada que me permitiera, al menos, disfrutar de la procesión y vivir la emoción de la entrada en la iglesia del Cristo del Socorro, cuando el corazón se estremece al escuchar las voces que, con gran maestría y profundo sentimiento, interpretan el tradicional 'Venid aquí hijos todos del mar'", afirma momentos antes de referirse a su querido torneo de tenis-playa, una campeonato que comenzó a fraguarse hace 45 años. "En 1973, un rapaz de Luanco llamado Juanín solicitó participar. En esa edición, Juan Avendaño perdió en cuartos de final y así comenzó su carrera tenística y cambió la historia del torneo", relata para recordar que el campeonato de tenis sobre arena de playa comenzó a establecerse en el calendario veraniego gracias, entre otros, a Manolo Galé que desde 1975 colabora de forma altruista con el torneo, apuntó para dirigir también palabras de agradecimiento hacia "Luanco recuperación de tradiciones" por sus actividades en pro de la fiestas locales.

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