Jornadas en la Escuela Superior de Arte

Los restauradores rechazan "demonizar" a los visitantes por el deterioro de Altamira

Concha Cirujano subraya "la absoluta independencia" con la que trabajan los técnicos en la cueva respecto del poder político

11.03.2016 | 04:14
Concha Cirujano, ayer, durante su exposición en el palacio de Camposagrado.

"No se puede demonizar una visita de seis personas una vez a la semana en la cueva de Altamira. ¿Ahora los culpables del deterioro son los que van a verlo? Cada cosa debe de estar en su justa medida". De esta forma defendió ayer Concha Cirujano, restauradora del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), las visitas controladas al gran salón de las pinturas rupestres del norte de España. La experta intervino en las Jornadas de Restauración y Conservación que organiza la Escuela Superior de Arte de Asturias y que concluirán hoy. En su ponencia, explicó el trabajo realizado para dar a luz el plan de conservación preventiva en la cueva cántabra, un plan que, según afirmó, "se está poniendo ahora en marcha, no sin dificultades".

Una de las conclusiones de la restauradora, que participó en la redacción de este plan, es que "pese a todo lo que han hecho los hombres, la cueva ha llegado hasta nosotros". Eso sí, con un deterioro que está motivado, fundamentalmente, por las condiciones naturales de la cueva. El agua es el gran enemigo con el que tienen que lidiar los bisontes y demás fauna prehistórica. Y es que, al filtrarse por el techo, genera el arrastre y pérdida de pigmentos. Por eso, los investigadores descartaron algunas soluciones propuestas a priori, como instalar una puerta para hacer más estanco el espacio de la cueva.

Otra de las reflexiones que ofreció la restauradora es la importancia de que los técnicos puedan trabajar de forma independiente de los políticos. "Nos han acusado de todo, pero tengo que decir que nuestro trabajo comenzó con el PSOE, se terminó con el PP y los técnicos lo habremos hecho mejor o peor, pero hemos trabajado con absoluta independencia", subrayó Cirujano. Los intereses y opiniones sobre la apertura o restricción de la cueva cántabra han sido constantes en todo este proceso, con el debate de fondo de qué prima más, si la conservación de un bien o su disfrute y explotación con fines económicos.

El plan de conservación preventiva en la cueva de Altamira se organizó, según precisó la restauradora, sobre seis proyectos interconectados relacionados con el estudio del biodeterioro, la dinámica de la cueva, el soporte de las pinturas, las condiciones de acceso a la cueva, la valoración social de Altamira y la transparencia y comunicación del trabajo científico. En este sentido, Cirujano reconoció: "A los científicos nos cuesta la transparencia, contamos muy mal las cosas".

Antes de meterse en harina, los técnicos establecieron un protocolo para su acceso a la cueva: "No podemos tener patente de Corso". En ese protocolo figuraba tanto la vestimenta como el tiempo de estancia máximo y el número de personas. Con esas premisas comenzó una labor de dos años que tiene, como algunas de sus conclusiones, datos hasta ahora no contrastados científicamente, como la altísima humedad relativa de la cueva, la importancia del agua de condensación y el problema que supone la carbonatación para la conservación de las pinturas. En cuanto al impacto de las visitas, Cirujano subrayó que es muy superior el impacto que producen los propios investigadores y conservadores que los visitantes. "Es cierto que cualquier humano produce daño, pero no hay que penalizar tanto a los visitantes", insistió. Por último, apuntó también la necesidad de difundir mejor el patrimonio. "Se conoce fatal, por eso, muchas veces no se le da la importancia que tiene", dijo.

Las Jornadas de Restauración y Conservación continuarán durante la mañana de hoy con ponencias sobre Santullano, la consultoría cultural, la aplicación de nanomateriales para la consolidación y protección del patrimonio pétreo, los ensayos no destructivos aplicados a la conservación de bienes culturales y la brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional.

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