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Una procesión de bandera

Cientos de personas se acercaron a la playa de La Ribera para ver la escenificación del encuentro de la Virgen y Jesús Resucitado

28.03.2016 | 09:46
César Menéndez porta el pendón de la cofradía de pescadores por delante de la imagen de Cristo.

Cientos de personas siguieron ayer el reencuentro de la Virgen y Jesús Resucitado, en la tradicional procesión de la Venia de Luanco. La playa de La Ribera acogió el acto que simboliza, con el mar como testigo, el momento en que la Madre vuelve a ver a su Hijo tras su resurrección. El viento quiso ser protagonista en la procesión, pero el abanderado de la cofradía de pescadores, César Menéndez, cumplió sin problemas con el protocolo de la venia y con su apartado más delicado: realizar, de rodillas, tres giros con el pendón a ras de suelo pero sin tocarlo, para que los pescadores locales tengan un buen año.

La Virgen partió de la capilla de la Concepción y Jesucristo salió de la iglesia de Santa María de Luanco, ambos acompañados por los costaleros y el resto de la comitiva. A la vez, desde un lado y otro de La Ribera, la Virgen, acompañada por el abanderado de la cofradía de pescadores, y Jesús Resucitado fueron descendiendo hacia la arena.

Fue entonces cuando Menéndez se separó unos pasos de la Virgen enlutada y sus costaleros, para, con gran solemnidad, realizar tres genuflexiones y en la tercera, mover el pendón en otras tantas ocasiones, a ras de suelo pero sin tocar la arena, el acto de la venia en señal de respeto hacia Cristo.

Minutos antes, la gente fue llegando a la playa y el paseo para no perderse tan importante momento. Todos querían ver el resultado de la tradición, hasta el punto de que los miembros de la Banda de Música de San Martín del Rey Aurelio, que actuó en el emocionante encuentro, tuvieron que moverse detrás de las cintas que delimitaban el espacio donde se produciría el encuentro para no impedir que los espectadores más madrugadores vieran el diestro movimiento del pendón. "Va a tener que cuidarse del viento, este año no va a ser fácil", afirmaron dos adolescentes, antes de que la comitiva llegara a la playa luanquina. Pero la pericia de César Menéndez se ha ido perfeccionando con los años.

Decían los antiguos que si el pendón tocaba suelo habría mala costera de bonito y, ayer, el viento no impidió que el abanderado de la Cofradía de pescadores cumpliera con su cometido. Fue el momento en el que los costaleros de la Virgen procedieron a retirar el mantón negro que la cubría en su luto, para que se reencontrara con su Hijo tras su resurrección.

Dos días antes, el Viernes Santo, en la procesión de los Callandinos, la Virgen fue llevada desde la iglesia parroquial hasta la Capilla de la Concepción, simbolizando la separación por la muerte de su Hijo. Tras el emotivo encuentro, ambas imágenes y sus respectivas comitivas volvieron a pisar las calles de Luanco para regresar juntas a su "casa", la iglesia de Santa María, donde se celebró la misa solemne que pone fin la Semana Santa gozoniega.

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