11 de septiembre de 2016
11.09.2016
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Las peripecias de tres trotamundos empedernidos

Avilesinos sin fronteras

Víctor López, Ramón Fernández y Luis Tuñón relatan sus viajes por medio mundo, haciendo autostop, en barco, velero o bicicleta, en los que vivieron desde guerras civiles hasta tsunamis

11.09.2016 | 03:48

Viajar es una afición generalizada en el mundo actual. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), los españoles realizaron más de 30 millones de viajes en el primer trimestre del año pasado, la mayoría durante un tiempo inferior a cuatro noches. Pero son pocos los que se aventuran a abandonar la comodidad del hogar y lanzarse a la carretera -o a los océanos- durante meses. Víctor López decidió aprovechar sus años de juventud para viajar por todo el mundo, acogido por barcos mercantes y yates de lujo. Ramón Fernández sacó ventaja de sus nociones marineras y de su pasado como capitán de remolcador para llegar a las islas Azores a bordo de un pequeño velero que compró antes de jubilarse. Luis Tuñón es un viajero nato; después de décadas utilizando su bicicleta para desplazarse por la ciudad reunió algunos utensilios de cocina y su prestación de desempleo para pedalear por gran parte de los países de América y Asia. Los tres avilesinos, cargados de fotos y anécdotas, cuentan, ya en casa, la azarosa vida del viajero solitario.

Los pies de Víctor López han pisado la tierra de decenas de países y su cuerpo ha descansado en las literas de decenas de barcos en todos los océanos del mundo. Este avilesino, de 65 años, supo desde pequeño que viajaría por todo el planeta. "Antes los jóvenes teníamos más libertad, con sólo 12 o 13 años me iba de casa cuando quería. Esto, hoy, es impensable", afirma. A tan temprana edad se fugó a escondidas de sus padres a lugares como Barcelona, Ibiza o Menorca. Después descubrió que lo suyo era navegar. "Probé suerte en un barco hasta Bilbao; sabía que si me mareaba en ese trayecto tan corto no podría recorrer todo el mundo", confiesa. Pasó la prueba con el suficiente éxito como para animarse a visitar más ciudades. "A esa edad sólo pensaba en viajar, trabajaba para poder invertir mi sueldo en descubrir más países", matiza. López trabajó en sus años de viajero oceánico en los distintos barcos que le acogían. A cambio de sus labores como camarero o limpiador, los armadores pagaban un modesto sueldo al avilesino y lo mantenían de forma gratuita. "Como vivía en el barco, podía dedicar mi sueldo íntegro a viajar", explica.

Uno de sus viajes más anecdóticos fue el trayecto Venecia-Sri Lanka. "Cuando llegamos al Canal de Suez estalló la Guerra Santa de Israel, así que nos echaron y tuvimos que bajar navegando todo África", recuerda. Así fue como llegó a Mozambique, donde le sorprendió el estallido de una guerra civil. "Estuve 20 días sin poder salir de la ciudad. Una tarde, en una cafetería de la capital, presencié un atentado en plena calle", lamenta. Otra guerra civil le pilló durante su estancia en Angola. "Me tuve que quedar allí cuatro meses y medio. Eso fue mucho tiempo, así que acabé por alistarme de guerrillero, para probar la experiencia, pero no duré ni una semana", reconoce. En Angola pudo conocer y hacerse amigo de Joselito, el cantante. "Sí, sí, el de los cascabeles. Mucha gente no lo sabe, pero estuvo diez años viviendo allí y la guerra nos pilló a los dos por sorpresa. Pasamos mucho tiempo juntos", asegura. No fue la única celebridad que se cruzó en el camino del viajero. "En Nueva Orleans vi a Elvis tocando en la calle, con un montón de público. Yo era muy joven, me sonaba quién era pero no apreciaba mucho su música. Yo siempre fui más de Manolo Escobar".

Otra de las aventuras de Víctor López fue completar parte de la Ruta 66 (la carretera que une Chicago y Los Ángeles) haciendo autostop. "Me subía a los típicos Mustangs de las películas, a esas furgonetas con cuernos en los retrovisores, los camioneros barbudos, las carreteras infinitas. Pasaban las horas y yo seguía viendo el mismo paisaje de llanura. Cada doscientos kilómetros, con suerte, me topaba con un motel más o menos decente". La lista de destinos de Víctor López es inabarcable. "Iba en el barco y me bajaba donde quería, estuve en muchísimos sitios", dice. Puerto Rico, California, Cuba, Venezuela, México, Venecia, Atlanta, Senegal y Francia fueron algunos de los destinos de este trotamundos.

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