28 de septiembre de 2016
28.09.2016

La constructora de la reconversión

Coavisa nació en la década de los ochenta en plena "crisis del ladrillo" y su ocaso llega 29 años más tarde tras haber sembrado Avilés de obras notables

28.09.2016 | 04:07

Coto Carcedo, el aparcamiento subterráneo del Parche, el hotel Silken de Avilés y edificios de centenares de viviendas como el residencial San Félix de Las Meanas o el que se erige en la esquina de la calle la Cámara y la avenida de Alemania (antigua sede de Hacienda en Avilés) son cinco botones de muestra de la intensa actividad que desplegó en sus primeros 25 años de vida Construcciones Avilés, S. A. (Coavisa), una de las sociedades de la corporación Melca y el estandarte de su división constructora.

José Luis García Arias, el fundador del holding que ahora se tambalea agitado por una crisis familiar de incierta resolución, constituyó Coavisa animado por las expectativas de desarrollo urbanístico que existían en Avilés tras el aparente cierre de la reconversión industrial, el inicio de las obras de saneamiento de la ría, el horizonte ilusionante que por entonces vislumbraba la comarca con los cantos de sirena del llamado "Plan Avilés 2000" y una competencia tibia en el sector del ladrillo y aquejada de problemas por la conflictividad laboral que alimentaba una mano de obra muy reivindicativa en materia de salarios y derechos sociales.

A José Luis García Arias le pudo más su instinto para los negocios y la ambición de ganar dinero que la preocupación por llevarse un revolcón en su incipiente aventura en el sector del ladrillo, o sea que se lanzó a la piscina. Y resultó que tenía agua. En sus primeros cinco lustros de existencia, sin duda los más brillantes de un periplo total de 29 años, Coavisa puso su firma en obras y proyectos que acabaron por convertirse en símbolos del desarrollismo avilesino posterior a la reconversión; tanto es así que hasta hay un edificio levantado por Coavisa que es más conocido actualmente por la marca del grupo al que pertenece la constructora que por su nombre original: se trata del edificio o manzana de Melca, denominación popular del residencial San Félix.

El glorioso pasado de una empresa que llegó a tener cientos de empleados queda ahora sepultado por la parálisis de actividad edificatoria que trajo consigo la última "crisis del ladrillo" y, peor aún, por la guerra intestina que se libra entre los accionistas del Grupo Melca.

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