20 de marzo de 2017
20.03.2017
GOZÓN

"Entrenar en Balbín perjudica la salud de los jugadores", dice el presidente del Marino

El dirigente del club muestra su "hartazgo" con el Ayuntamiento por el retraso en el cambio del césped artificial

20.03.2017 | 09:11
Un entrenamiento en las instalaciones deportivas de Balbín.

Luis Gallego, el presidente del Marino de Luanco, dice estar harto de solicitar el cambio de hierba sintética de las instalaciones deportivas de Balbín. Afirma que ha tirado la toalla a la hora de demandar esa obra al Ayuntamiento. Sin embargo, no duda en decir que ese terreno de juego "perjudica la salud" de los deportistas. "La peor parte la llevan los chavales, los más jóvenes. Espero que no, pero como el campo siga así por más tiempo van a tener problemas físicos", critica el dirigente del club local, que considera que lo más recomendable en ese lugar "es hacer entrenamientos de baja intensidad". Prueba de ello, es que el primer equipo del Marino ha desistido de entrenar en Balbín y ahora opta por Miramar, el estadio municipal donde juega cada quince días. Meses atrás, la entidad entrenó en las instalaciones deportivas de La Mata, en Candás.

Gallego critica que el campo de Balbín siempre queda en segundo plano en los presupuestos municipales. "Se iba a reparar todo hace dos años, también el año pasado y para este no está ni previsto en el presupuesto, se llegó a hablar de una partida de 200.000 euros que se no iba a tocar hasta reparar Balbín y no se hizo nada, estamos hartos", señala el presidente marinista, que no dudó en recordar que el césped artificial de Balbín "cada vez más genera lesionados y más lesionados con roturas y otras".

La renovación del césped artificial es prioritaria teniendo en cuenta que ese tipo de terrenos de juego tienen una vida útil de diez años. El campo fue inaugurado en 2006 y ya nació gafado. Generó sobrecostes por diversas reformas y nunca estuvo en unas condiciones óptimas para la práctica del fútbol. La extrema dureza del campo trae consigo un alto número de torceduras, lesiones de tobillo y piernas, entre otras molestias que acompañan la historia de un espacio que fue expropiado a principios de la pasada década para construir canchas multideporte y de tenis, un gran aparcamiento y el malogrado campo de hierba sintética.

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