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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 23
    Septiembre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Atila", herido

    Miércoles 23 de septiembre. Día 13

    Las Fresnosa tembló cuando un caballo entero, que en esta época está como salvaje, pasó al galope por ella. No me gustó mucho ver de dónde venía, y era del otro lado del río, donde tengo yo a “Atila”. Fui a hacer mis comprobaciones y ya de lejos vi el portillero roto. Busqé al caballo y lo encontré en una esquina asustado. Lo cogí como pude y me lo llevé a la cabaña para tranquilizarlo. Tenía un par de heridas importantes, posiblemente producidas por mordiscos o coces de otro semental. Lo curé con lo que encontré en un botiquín, mientras lo entretenía con un suculento bocado.

    Al final tuve que suspender la que sería mi primera salida con él, después de haber pasado varias horas preparando el equipaje y encajándolo en las alforjas.

    Cambiando el plan, me cogí el drone y fui a volarlo a un pico cercano. De la que pasé por una cámara trampa, que había colocado debajo de unos avellanos, examiné sus grabaciones: jabalíes y un tejón comiendo sus frutos.

    Volví pasadas unas horas, comí otra vez fabas de las que me sobraron ayer y cogí la cámara para ir a rodar el atardecer en el bosque.

    Caminé una hora, hasta un lugar mágico por sus espectaculares árboles, y me senté en allí para tomar pequeños detalles, sobre todo contraluces.

    Recolecté todo lo que pude de la huerta, de la que fui a ver a “Atila” y me hice un sofrito con una tortilla francesa.

    Me dormí delante de la chimenea. No sé qué duende me llevó a la cama pues amanecí en ella sin darme cuenta de haberme acostado.

     

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