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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 02
    Noviembre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Casi no hablo nada de lo que siento"

    Lunes 2 de noviembre. Día cincuenta y tres

    Ayer di un pequeño repaso a todo lo escrito durante estos casi dos meses pasados y me doy cuenta que solo hablo de animales, de excursiones, de filmaciones, de comida..., de las cosas que me pasan, pero casi nada de lo que siento. Y es que casi no tengo tiempo a sentir. Igual que me doy la ducha diaria con agua helada y no percibo el frío, me pasa con el resto de sensaciones. Tengo que pensar un poco en ello para darme cuenta que estoy solo, por ejemplo.

    Esta mañana, enfilamos el camino de bajada al punto de intercambio Atila y yo, cargados ambos hasta arriba, aunque él llevaba la peor parte, tres sacos de patatas que recogí de la huerta y que yo no necesito. Los mando para mi familia, junto con 30 huevos, unas cartas y el disco duro. Debí llegar sobre las 10.30, sabiendo que mi hijo llegaría sobre las 14.30. Hasta que sonó el coche a lo lejos y me marché a esconderme, pasaron casi 4 horas, en las que comí 2 manzanas, unas cuantas castañas crudas y el resto no hice absolutamente nada, solo mirar el paisaje y disfrutar de él como si fuera la primera vez que lo viese. En ningún momento tuve la sensación de estar perdiendo el tiempo, como suele ser habitual en estos casos. Aquí el tiempo parece ilimitado, es como si no hubiera un mañana. Precisamente, por no dedicar tiempo a pensar en lo que siento me encuentro tan bien. No me imaginaba que iba a llegar a estas alturas en un estado anímico tan bueno.

    Ahora, por ejemplo, estoy escribiendo estas líneas con la luz de unas velas, escuchando levemente el crepitar del fuego que tengo a mi espalda, mientras fuera el viento está rugiendo en todo el valle. Es estremecedor el contraste entre el interior y el exterior de la cabaña, y sólo nos separa un muro de piedra.

    A partir de ahora voy a intentar dedicar algo menos de tiempo al rodaje (a ver si lo consigo) y sentir lo que estoy haciendo. Experiencias como ésta no creo que vuelva a tenerlas, así que tengo que aprovecharla para algo más que filmar.

    Me voy para la cama, pero hoy no voy a dormirme leyendo, voy a hacerlo escuchando silbar al viento mientras pienso en donde me encuentro.

     

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