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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 29
    Noviembre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Cuando decidí volver a la cabaña no era quien a caminar"

    Domingo 29 de noviembre. Día setenta y ocho

    Esta primera final no estuvo nada mal. Salí de la cabaña de noche con la intención de llegar en una hora a mi destino, un bosque tan bello como inclinado, en donde existe un spa salvaje. Por la bañera de lodo pasan todos los días jabalíes, rebecos, corzos, zorros, etcétera. De camino, cuadno cruzaba una zona cenagosa, vi un corzo a lo lejos que intenté filmar. Colocar el trípode fue una locura, las patas se enterraban en el barro, era casi imposible nivelarlo. Ese tiempo que tardé en hacerlo fue el que me faltó para grabarlo bien. Su pareja, que estaba fuera de mi vista, debió verme y la avisó, así que me quedé sin buenas tomas, solo unos segundos huyendo fue lo que grabé.

    Cuando llegué a donde iba, vi señales de que los jabalíes habían pasado hacía muy poco, los arbustos y las hierbas de alrededor de la bañera goteaban barro. Me coloqué a 30 metros y empecé una larga e incómoda espera. Creo, pues hice un repaso de lo que mi mente recordaba, que nunca jamás pasé tanto frío. Cuando salí de La Fresnosa el termómetro marcaba -2ºC, pero aquí hacia más frío. No puedo entender como los montañeros llaman a perder la vida por congelación, la muerte dulce.

    A bañarse hoy no vino ningún animal, pero por el lugar pasaron varios rebecos, dos jabalíes y una corza coja, que sin detectar mi presencia se fue acercando hasta ponerse a menos de 4 metros de mí. Puse la cámara a grabar, aunque muchas tomas salieron desenfocadas, pues evité hacer movimientos para no espantarlo. Me dio lástima ver su pata delantera rota, con una importante inflamación, aunque ella, pues era una hembra, caminaba tan deslavazada como plácidamente. Acabó viéndome poco antes de chocar conmigo y echó a correr como si no tuviera ningún problema.

    Cuando decidí volver a la cabaña no era quien a caminar, me fallaban las piernas, mis cuádriceps estaban agarrotados  y no dejaban de temblar. A la tercera culada me olvidé de ellos y me concentré en el resbaladizo descenso.

    Al llegar a la cabaña, mientras cargaba de nuevo las baterías gastadas, volé una vez el drone, para probar el nuevo que me había llegado.

    Lavé ropa sucia, y aún sabiendo que no secaría la tendí fuera. Maté el resto del tiempo, hasta finalizar la carga de las baterías, moviendo leña de un lado para otro. Según voy gastando, voy apilando la que está en la intemperie bajo techo, para que seque un poco y queme mejor.

    Volví a salir, dejando la comida para la cena. Después de días tan malos, no quiero desperdiciar ni un solo minuto de este día soleado. No grabé ningún corzo, todos los que vi, 7 u 8, me descubrieron antes de poder hacerlo.

    Mañana entrega, ya solo me quedarán dos más.

     

     

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