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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 22
    Octubre
    2015

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    Oviedo asturias

    "De comida tocaba fabas pero no conseguí terminar de cocinarlas

    Jueves 22 de octubre. Día cuarenta y dos


    Que ganas tenía de quemar los montones de cañas y ramas y que equivocado estaba con la dedicación y el esfuerzo que requiere. Yo pensé que era encender y esperar a que terminara, pero no era así. Dediqué la mañana entera para poder quemar cuatro montones. No paré un sólo minuto desde el desayuno hasta la fallida comida. Moviendo, moviendo y no parando de mover ramas y ramas y más ramas. De un fuego iba al otro y volvía al de más allá. Echaba las ramas que quedaban fuera del fuego otra vez dentro, una y otra vez, hasta acabar consiguiendo que sólo quedase ceniza. Una cosa son las fallas y otra esto, algo un poco menos divertido.

    De comida tocaba fabas, pero tras un par de horas infructuosas para que la olla cogiera presión, no conseguí terminar de cocinarlas. Aún así, pensando en todo lo que había metido con ellas, tomates, cebolla, ajos, pimiento verde, puerro, zanahoria, patata, calabacín, curcumá y tres pimientos, lo pasé todo por el pasapuré. Cuando iba volcando las fabas en él, sonaba igual que cuando cojo la caja de herramientas. Estaban como piedras y el puré parecía que en vez de fabas y verduras es de arena de playa con algas. Lo comeré en tres veces, posiblemente haciendo un sacrificio, pero hay que alimentarse, qué se va a hacer.


    Con el número de las fabas y el puré, se me hizo muy tarde. Sólo tuve tiempo para bajar por el río haciendo algunas tomas de cascadas y hojas y llegar aun lugar abierto para hacer una espera corta. En ella llegué a dormirme unos minutos y cuando desperté, tenía un gato montés a 50 metros. Le hice algunas tomas aceptables, pero menos de lo que hubiera deseado. Se metió a cazar detrás de unos helechos y para no incomodarlo, pensando en volver a verlo por aquí, no fuí detrás de él.


    Llevo ya dos horas preparando lo de mañana. Me voy al puerto a dormir. Quiero pasar atardecer y amanecer para intentar filmar al lobo. Me aventuraré a subir los Arrudos, una ruta complicada para caballerías, con Atila. Le necesito, llevo mi mochila hasta arriba más cuatro maletas con material de rodar, una bolsa con una manta, un plástico gigante por si llueve y comida para mí y para Atila. A ver como se nos da.

     

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