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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 04
    Octubre
    2015

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    Oviedo asturias

    "De hoy ya no pasa que pruebe a aparejar a Atila"

     

    Domingo 4 de octubre. Día veinticuatro

     

    De hoy ya no pasa que pruebe a aparejar a Atila. Mañana, tengo que bajar dos sacos grandes de las patatas recolectadas en la huerta, para dejarlas en el punto de intercambio y que las recoja posteriormente mi hijo, y está claro que no las voy a llevar al hombro. Además, me vendría bien hacer acopio de manzanas para las próximas semanas y sé de un árbol que ya está preparado para ser asaltado. El otro día, le cogí una y estaba buenísima. También debo pasar a coger nueces, sino se me pasará la oportunidad.

    El día está ventoso, es perfecto para no salir de la cabaña, pero va a ser necesario hacerlo, y además no pocas veces. Tengo miedo que me ponga y que las madreñas (lo hago cada vez que salgo fuera de la terraza de la entrada) más de cien veces al día. Acabaré siendo un experto en ello, es más igual opto al récord Guines de la velocidad de quita y pon madreñas por hora. Sería otra más de esas absurdas tonterías que la gente hace por tener algún récord.

    Hoy es un día de conclusiones, que no es poco. La primera es que las gallinas no entienden el español, está claro. No vi en mi vida ninguna persona ta cabezona como cualquiera de las gallinas que tengo (bueno tuve una clienta un poco más, y estoy seguro que ella sí me entendía). Entran en la terraza y cagan donde les apetece. Yo las echo de todas las formas, las amenazo con la escoba, les asunto con palmadas, las insulto (aunque insisto que esto creo que no lo cogen), etcétera, y ni caso. Unas salen por un lado, mientras por el otro están entrando las otras, parece una cinta transportadora.

    La otra es que, así como las nubes lleven el agua, que acumularon la evaporación, el bosque también llueve después el agua acumulada en sus hojas tras la tormenta. Hoy, como siempre para en estas situaciones, llovió intensamente durante varios minutos, mientras yo seguía grabando dentro del bosque sin mojarme una sola gota (nunca mejor utilizada esta expresión). Cuando terminó la tormenta tuve que salir a un claro, pues en ese momento comenzó el bosque a llover.

    Los pollitos ya están lanzados, saltan del cajón constantemente, picotean lo que encuentran, no paran, son como niños pequeños. Ahora sí, cuando tienen frío, pian como locos hasta que mama gallina les abre las alas. Mientras les grabo, me presta mucho contemplar su comportamiento.

    Con las fuerzas intactas, después de casi toda la jornada de inactividad física, ahora ya, después de comer, me toca mi dosis diaria de sufrimiento, con el trasto de cámara grande y su inseparable amigo trípode, nos vamos a dar un paseo al interior del bosque. Es el momento en el que más guapo está, después de una tormenta. Todo brilla, los colores se potencian, los arroyos cobran vida, parece que quiere hablar. Qué maravilloso don tenemos algunos, y no me refiero al que se les pone a los ilustres, banqueros, personas mayores, etcétera, me refiero al de la contemplación. Ver, ve cualquiera, pero el caso es observar, esto es otra cosa. Qué cantidad de misterios, que pasan desapercibidos para la mayoría, descubrimos los que paseamos (ojo, sólo incluye a los que lo hacemos sin móvil, por supuesto).

    Hoy, un día distinto, pero un maravilloso día. El archivo de imágenes del 4 de octubre queda casi vacío, pero yo me quedo lleno...

     

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