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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 23
    Noviembre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Doy por finalizada una semana más de rodaje y supervivencia"

     

    Lunes 23 de noviembre. Día setenta y tres

    Día de entrega, que para mí es como un día de fiesta. Doy por finalizada una semana más de rodaje y de supervivencia. Sé que mi hijo pasa por donde yo estuve antes, lugar por donde vuelvo a pasar yo más tarde. Aunque no nos vemos parece que siento la cercanía, y eso me anima. Y quizá lo que más disfrute, sean las cartas que recibo de mi casa y de Caleao. Cuando llego a la cabaña las pongo en la mesa debajo del frontal y son como una historia que un padre cuenta a un hijo cuando lo lleva a la cama. Son pocas, hoy concretamente tres, pero me llenan tanto como si fuese una enciclopedia entera.

    Un día soberbio, no por el tiempo, que fue bastante frío, sino por el maravilloso espectáculo que dieron las montañas. Hoy se mostraron con sus mejores galas, se vistieron todas de un blanco impoluto, algunas con ropas ajustadas para que se apreciasen mejor sus formas. Parece mentira que sean las mismas que estos días pasados estaban más tristes, despojadas por completo de los colores otoñales.

    Agoté las dos baterías que llevaba conmigo, y a partir de ese momento continué mi camino de regreso a la cabaña sin levantar la cabeza, no quería saber lo que estaba perdiendo de grabar.

    No llegué sudando lo suficiente para enfrentarme a mi ducha, así que me puse a partir leña un buen rato, después de alimentar a mis animales. Poco antes de oscurecer, ya un poco más acalorado, mejor dicho, desenfriado, calor ya no se siente aquí arriba, me lancé y me pegué la ducha (realmente me pegó ella a mí, y bien que lo hizo). Las gallinas contemplaban atónitas al aborigen que gritaba cerca de ellas. Hoy puse yo tantos huevos como ellas. Con esos dos que siguiesen poniendo al día me daría por satisfecho.

     

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