Blog 
100 días de soledad
RSS - Blog de José Díaz

El autor

Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


Archivo

  • 25
    Octubre
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Oviedo asturias

    "El bosque está rabiosamente colorido"

    Domingo 25 de octubre. Día cuarenta y cinco

    Me levanté como ayer, antes de amanecer y subí de nuevo al collado entre una niebla que con mi frontal no era capaz de verme los pies. Fue una espera de cuatro horas muy aburrida y dura. No vi nada, aunque seguro que había y además estaba el suelo tan mojado que tuve que estar todo el tiempo de pie.

    Volví hacia el mediodía, limpié, fregué y preparé a Atila para comenzar el descenso complicado de Los Arrudos. Antes hice un par de vuelos del drone para hacer unas tomas cenitales de la majada y sus alrededores. Me quedé impresionado con la destreza con la que bajaba Atila, aunque en este caso ya iba un poco más tranquilo. Yo le daba cuerda, para que él fuese a su ritmo, pero tenía que estar muy pendiente de que no tropezase con ella. En la Fuentona no pude contenerme y saqué de nuevo el drone. El bosque en aquella zona estaba rabiosamente colorido. Lo sobrevolé varias veces, incluso subí y bajé casi todo el desfiladero, a bastante altura, para no perder a señal. Viéndolo en la pantalla del ordenador mientras archivaba lo grabado, me quedé estupefacto de la belleza y espectacularidad de Los Arrudos desde el aire.

    Llegué a La Fresnosa antes de caer la noche, despojé al caballo de todo su equipaje, lo premié con doble ración, saqué un poco a las gallinas y me di una ducha de primera. Cené, mientras atizaba fuerte para volver a poner la cabaña a buena temperatura, tras tres días sin el fuego. Como todos los domingos, me acosté muy tarde, tras escribir a los míos, preparar la entrega de mañana y ordenar todo lo que había llevado de excursión.

    Mañana, de la que bajo al punto de intercambio de discos duros, voy a dedicar el día a rodar el cauce del río de Los Arrudos, que está precioso en esta fase del otoño.

     

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook