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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 20
    Noviembre
    2015

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    Oviedo asturias

    "El intensísimo frío y el viento me hizo adelantar la vuelta"

    Viernes 20 de noviembre. Día setenta y uno

    Vaya pájara que tuve hoy. Viendo la baja efectividad de mi estancia en La Carricera, decidí volver a la cabaña. Bien es verdad, que el intensísimo frío y el viento ya típico de invierno que reinaba por esas alturas hicieron mucho para decidir adelantar un día la vuelta. Ya antes de marcharnos, y tras una larga y fría espera en el amanecer, bajé a buscar una cámara que dejé colocada en mitad del trayecto que separa La Fresnosa de la majada donde estaba, y eso me llevó más de una hora y media. Cuando volví, preparé todo, ordené, limpié la cabaña prestada y nos pusimos en camino. El trayecto de vuelta era mucho más fácil, pero no sé que me pasó, que al final de la larga bajada hacia La Infiesta empecé a sentirme débil, hasta el punto de tener que parar un rato. Saqué unos frutos secos y un trozo de chocolate, me apoyé en un portillero de un prado, y allí pasé casi veinte minutos mirando para la nada. Ni siquiera tenía fuerzas para pensar. Posiblemente la carga de ejercicio que llevo estos días encima, unida las dos malas noches que pasé en la Carricera, fueron el detonante de este bajón.

    Nos pusimos otra vez en camino, ya hacia arriba, para pasar un collado y empecé a sentirme mucho mejor, hasta el punto que el ritmo que impuse, Atila no lo pudo aguantar. La última hora, la cuerda ya nos unía no volvió a curvarse, parecía más bien un palo.

    La ducha de rigor me vino muy bien física y sanitariamente. Tras ella, decidí prepararme una buena comida tempranera (debían ser las cinco, más o menos) y unas horas después volví a darme otro homenaje. Hacía ya varias semanas que no hacía tres comidas en el mismo día, sólo desayunaba y cenaba.

    A estas alturas de mi retiro noto que paso de un estado anímico bueno a no malo y viceversa con mucha facilidad. En esos momentos rememoro algunas cartas de familia y amigos, recibiendo ánimos. Saber que hay personas que se están preocupando por mí me reconforta y me obliga de alguna forma a seguir adelante.

    Mi cabaña es el chalet real, al lado de las que he utilizado en mis salidas. Aquí puedes moverte, mientras en las típicas de las majadas, sólo hay espacio para dormir y ahora, que los días son tan cortos, se te hace cuesta arriba las noche. Esta última, en la Carricera, debí salir a hacer pipí más de cinco veces, y no es por la próstata, es por lo que tarde en amanecer desde que anochece.

     

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