Blog 
100 días de soledad
RSS - Blog de José Díaz

El autor

Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


Archivo

  • 17
    Noviembre
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Oviedo asturias

    "Encontré el drone"

     

    Martes 17 de noviembre. Día sesenta y ocho

     

    Tras estudiar con detenimiento en los mapas de la zona por donde acometer la labor de búsqueda del drone, salí de la cabaña decidió a darlo todo. Parece que la tarea no es tan complicada, a simple vista, pero sabiendo que este bosque ocupa, según los planos, sobre 80 hectáreas, que pasado a metros cuadrados son 800.000. Se me pone la carne de gallina (estoy cogiéndoles tanto cariño a las mías, que intento hacer símiles y metáforas con ellas).

    Al final la táctica fue la siguiente: el bosque en cuestión, está limitado pro abajo por el camino de Los Arrudos y por arriba por el Collado de la Cerveriza. Lateralmente lo cierran dos fallas que bajan cogiendo cada vez más inclinación para terminar casi en paredes verticales, una caliza y la otra cuarcita. Este área de bosque es de difícil tránsito pro su gran inclinación, y en esta época, por las hojas que lo cubren. Lo que hice fue subir a La Cerveriza y empezar a bajar por la falla que forma, desde la cual se ven distintas zonas del bosque. Empecé arriba, con la primera parada, peinando con los prismáticos lo que estaba a mi vista de la zona. Seguí haciéndolo varias veces, cambiando de lugar, intentando cubrir todos los ángulos posibles de visión. En la sexta o séptima pasada, con los prismáticos (a simple vista no se veía nada) descubrí algo blanco que se apreciaba muy pequeño. Su forma, mirando con mucho detenimiento, mostraba avistas poco habituales de rocas o ramas. Apoyé los prismáticos en una piedra, volví a buscar el punto blanco y la emoción fue increíble, era el drone.

    Llegar hasta él, prometo que no exagero, fue muy complicado, y no me considero patoso ni poco hábil andando por el monte. Aún así, la adrenalina me cegó hasta llegar a encontrarlo, pero una vez que lo guardé en la mochila, en trozos, pues el impacto con los árboles y el suelo le hicieron bastante daño, fue cuando me di cuenta donde me había metido. Tardé en salir mucho tiempo, no daba un paso sin pensarlo detenidamente, pero al final conseguí no hacerme daño. Estuve a punto de sufrir un importante contratiempo cuando un rebeco que pasó por encima de mí, movió una piedra, que a su vez movió otras cuantas, que bajaron como torpedos, aunque gracias a Dios, cogieron una dirección un poco desviada de la mía. Tampoco me asusté demasiado, ya llevaba casi una hora sintiendo que no era real lo que estaba viviendo.

    El resto del día, casi no me acuerdo muy bien, lo que hice de lo contento que estaba. Empaqueté el drone, hice un croquis del montaje y de su puesta en marcha y lo bajo al punto de intercambio.

    Hoy es un día muy feliz, no sólo por haber encontrado el drone, sino por haber tenido la capacidad de mantener mi optimismo intacto, lo cual me hizo salir triunfante de un dificílisimo reto.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook