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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 20
    Octubre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Hoy decidí intentar grabar a dos cárabos"

    Martes 20 de octubre. Día cuarenta

    Cuando el río suena agua lleva. Si suena poco, lleva poco, pero si suena tanto como ahora, llevará más de la cuenta. Así fue cuando lo comprobé de la que marchaba de excursión. Aunque mi nevera principal solo se movió de lugar, dos tupperware que tenía con puré me desaparecieron río abajo.

    Hoy decidí intentar grabar a dos cárabos cuya vivienda tengo ubicada. Es un centenario castaño, en los estertores de su vida, que se encuentra muy cerca del pueblo. Cuando llegué me alegré al ver a uno de ellos en la entrada de su escondite. Lo grabé varias veces hasta que decidí imitar su canto, el cual es de los único que hago con cierta similitud al original, momento en el que desapareció en las entrañas del árbol. Al poco rato apareció su pareja, incluso en algún momento llegué a tener la posibilidad de grabar a los dos juntos, pero intenté dar un paso más. Preparé una larga pértiga, de unos 5 o 6 metros y le adapté el brazo de la GoPro. Lo acerqué hasta la entrada del escondite, pero tardaron muy poco en desaparecer, esta vez volando. A uno de ellos lo vi posarse en una rama y allí me acerqué con la cámara. Aseguré primero unas buenas tomas y después hice un segundo intento con la pértiga (parece que estoy en un campeonato de atletismo). Conseguí hacerle tomas a menos de un metro de distancia, lo cual me costó un gran esfuerzo y mucha pericia. Mantener en el aire, cogiéndola de un extremo, una vara de castaño de varios metros, verde y por consiguiente pesada y acercarla con suavidad a un cárabo que está posado en un frondoso árbol, es cuanto menos, complicadillo. El tema es que conseguí unas tomas regulares técnicamente, una vez vistas, pero muy simpáticas.

    Ya de vuelta, desviándome del trayecto, tanto horizontal como verticalmente, subí a la Llana del Pando a ver si localizaba algún corzo. Así fue, vi una hembra con su cría y les hice unas buenas tomas hasta que me descubrieron y se marcharon.

    Una hora y media después estaba bajo una heladora y dolorosa ducha, pero muy satisfecho del resultado de la jornada.

    Cenita ligera, estas líneas escritas frente a la chimenea y a la camita, que hoy creo que voy a dormir muy bien.

     

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