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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 28
    Septiembre
    2015

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    Oviedo asturias

    "La luna me obligó a trasnochar"

    Lunes 28 de septiembre.. Día dieciocho.

     

    Al final hice un pequeño cambio en mis habituales planes. Como mi hijo suele venir al punto de intercambio los lunes a mediodía, voy a bajarle yo el disco duro y las cartas hoy mismo temprano, así aprovecharé a hacer una excursión por este lado del río y cuando terminé recogeré lo que me haya dejado. Obligarme a bajar desde mi cabaña me da pereza, o sea, que si lo puedo hacer todo de un mismo viaje mejor.

    Como volvieron a pegárseme las sábanas y bajé algo tarde, una vez dejado el disco duro, decidí sentarme en una loma que está situada a 1.000 metros en línea recta del punto de intercambio. Desde allí, con primásticos, quería al menosver a mi hijo. Pasaron varias horas, en las que volé el drone varias veces, incluso tuve tiempo a escribir una carta a mis querios y entrañables Pepín y Enedina, que ya son como parte de mi familia. Pensé que les iba a tranquilizar y prestar mucho saber de mí, por lo que decidí bajar corriendo a incorporarlo en el paquete de entrega de hoy. Tardé quince minutos en hacerlo y me senté a comer unas ricas manzanas que vi recién caídas, sabiendo que el Suzuki en el que vendría mi hijo delataría su llegada con el espantoso ruido que hace. No fue así, cuando lo oí ya estaba en la cuesta de llegada, justo a punto de dar la última curva. Corrí y salté como una gacela a un felechal que hay detrás de estas cabañas y me quedé hice estatua. Una prueba ciertamente dura a la que me sometí. De repente siento apagarse el motor de un coche, un crepitar de bolsas de plástico, unos pasos, el chirrido de la puerta de la cabaña dos veces seguido, y a continuación un silencio de quince minutos, en el que intuí que Josín estaba leyendo su carta. Luego otros pasos y el motor del coche alejándose. Ni siquiera sumido en ese estado nostálgico, me di cuenta que estaba invadido de hormigas.

    Cogí el paquete y subí para La Fresnosa. Por el camino paré, bajo unos buenos nozales, a coger sus frutos para añadir a mi despensa.

    Ya en casa, para poder comprobar con tranquilidad el contenido de la entrega, me duché, acopié leña para la noche, ordené un poco la cabaña y me senté a disfrutar de las notas que verían en la bolsa. Era de mis hijos y de mi mujer, que de nuevo está semana me lo querían hacer pasar mal. Los momentos de paz y soledad aquí solo son superados por estos, en los que me acerco a la realidad.

    Noche malilla, como no era de esperar, tras organizar archivos, planificar el día de mañana, cargar baterías de todas las cámaras y hacer alguna toma de la Luna, que se resiste a salir hasta muy tarde y me obliga a trasnochar.

     

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