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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 24
    Octubre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Me di una buena paliza de ascender y descender lomas y riscos"

    Sábado 24 de octubre. Día cuarenta y cuatro 

    Me levanté una hora antes del amanecer. Metí en la mochila toda la ropa de abrigo que traje, aunque yo subí desabrigado para no sudar mucho en el ascenso, y me fui al lugar mismo de ayer. Es en una loma que se encuentra justo en medio del cordal que separa la majada de La Escosura de Las Llongas. Los dos pasos más probables eran en los dos extremos de mi campo de visión, por lo que parecía un espectador de un partido de Rafa Nadal. De derecha a izquierda y de izquierda a derecha sin parar un minuto, para no perderme nada. El único momento en el que interrumpí esa dinámica, fue para tomar unos frutos secos y nada más continuarla, vi un lobo por mi derecha ya a punto de salirse de la majada. Le pude rodar unas tomas de un poco más de un minuto, siempre van a trote lobero, un paso no muy rápido pero continuado y desaparecen en un momento. No estuvo mal el encuentro, ver lobos no es nada fácil y menos filmarlos en total libertad.

    A mediodía me fui en dirección al pico Torres, sin pasar por la cabaña. Iba en busca de un rebeco albino del que me había hablado mi amigo Santos. En la cara Norte de ese pico, en una zona muy rebequera, estaba con otro grupo de rebecos. Destacaba una barbaridad, con sus patas traseras y parte de su cintura totalmente blancas. Me pasé unas horas filmándola y siguiéndola, lo que me hizo separarme aún más de la cabaña, lo que me vino bien para conocer un valle que nunca había visitado. Es un lugar de poco tránsito humano y está muy utilizado por las manadas de rebecos. En ningún momento me jugué el tipo, pero me di una buena paliza de ascender y descender lomas y ricos.

    Llegué a la cabaña a tiempo de llevar a Atila a la fuente, en donde cogí agua para mi cena, y preparar otra salida en busca del lobo. Tardó muy poco en meterse la niebla, espesa y muy húmeda, por lo que no vi nada, ni siquiera el camino de vuelta. Cuando llegué a la cabaña, cogí el hacho y me fui a por leña. Preparé dos buenos puñados, aunque era de fresno todavía verde. Así quemó de mal, pero hizo más apetitoso el acostarse tras cenar lo mismo que ayer.

    Lo noche fue más llevadera, salvo un altercado que tuve a las cuatro de la mañana. No sé cómo, pero sentí unos galopes que intuí podían ser de Atila. En segundos me incorporé y salí, con una niebla tremenda a llamarle. Hice ruido para que supiese que le ofrecía comida y como milagrosamente se iluminaron unos ojos a lo lejos. Fui en esa dirección y allí estaba parado, así que pude cogerlo. Se había soltado la estaca en al que lo había atado.

    Ya, aprovechando que me había levantado, aullé unas cuantas veces a ver si me contestaban, cosa que ya me pasó en muchas ocasiones, pero creo que lo hice tan mal que no quisieron perder el tiempo conmigo.

     

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