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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 29
    Septiembre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Me estoy acostumbrando a ver amanecer desde la cama"

    Martes 29 de septiembre. Día diecinueve.

    Hoy toca recolección de miel. Voy a hacer caso omiso de alguna de las habituales recomendaciones para hacer esta actividad. Voy a ir solo, como es de esperar e iré caminando los dos kilómetros que me separan de las colmenas. Para alguien con tan poca experiencia en estas artes va a ser complicado recolectar y grabar al mismo tiempo.

    Bajé al Escobal, que es donde tengo las colmenas, me puse el traje, preparé las cámaras y al tajo. Fui lo prudente que se debe y solo les cogí un cuadro a dos colmenas, sabiendo que la miel que les quitamos es su despensa para el largo invierno. No obstante, como otros años, estaré pendiente de sus necesidades por si las tengo yo que ayudar en la alimentación.

    El día al final no fue totalmente soleado lo que las puso un poco rebeldes y me obligó a volverme con el traje puesto a la cabaña. Fue una auténtica locura. Caminar el largo trayecto de subida, cargado con dos cámaras, un insoportable trípode, agua, algo de ropa y un tuperware con unos trozos de panal, que pesarían algo más de diez kilos. Además, ya si empezó a azotar el calor, que con el traje puesto y pegajoso de miel hasta las cejas hizo el paseo no demasiado agradable.

    Pegajoso seguí estando toda la tarde, mientras extraía la miel a mano, pero mereció la pena. He cosechado miel suficiente para estos ochenta días que me quedan.

    Para la cena, decidí darme un homenaje y saqué una lata de angulas que traje para ello. Se me ocurrió forrar antes con unos mejicanos con queso y jamán y me salió muy mal la jugada.

    No solo me llené, sino que además me quemé la lengua con el último, lo que hizo que las angulas las tuviera que tomar como si fueran termalgines. No me supieron a nada, que ironía, un manjar desperdiciado por glotón.

     

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