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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 27
    Octubre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Me fui con el equipo más pesado y grande que tengo"

    Martes 27 de octubre. Día cuarenta y siete

    Hoy tengo que lavar ropa. Con el frío que hace hay que abrigarse bien y caminando se suda mucho, con lo que hay bastante ropa que lavar. A ver cómo seca dentro de la cabaña.

    Aunque había desayunado hacía muy poco, aproveché a hacer pasta mientras hacía la colada y la comí poco después, posiblemente sin haber pasado más de dos horas del desayuno. El día había quedado tan guapo que decidí marchar a hacer una larga espera al gato montés. Antes de irme, me fijé en la gallina de los pollos y vi que estaba muy parada. Me acerqué a ella y sólo tenía dos de los tres pollos. Busqué y no encontré al tercero, ya perdí el primer efectivo. Quien lo haya cazado, bien sea el águila, la marta o la comadreja, volverá sabiendo que aquí tiene buena despensa. Es un problema que me va a traer malas consecuencias, espero equivocarme.

    Me fui con el equipo más pesado y grande que tengo hacia la espera. El objetivo solo ya sobrepasa la longitud y el peso de la cámara. Se me hizo muy pesado el trayecto de tan sólo 700 metros por lo voluminoso de la carga. Tras preparar el asiento y camuflarlo junto a la cámara, me senté y no pasaron más de un par de minutos empezó a diluviar. Me acurruqué con todo debajo del paraguas y así pasamos varias horas. En un momento de calma decidí volver para evitar mojar más el equipo.

    Antes de marcharme, cuando la niebla del valle todavía persistía, vi unos rayos de sol perdidos a lo lejos y decidí ir a inspeccionarlos con el drone. Volé hasta allí, marcha atrás para no humedecer el objetivo de la cámara con la niebla que había, e intenté filmar algo interesante, pero se volvió a cerrar el día. Cuando traje de nuevo el drone, antes de aterrizar, volvió a abrirse el claro y hacia allí fui. No controlé bien el tiempo de vuelo y me empecé a quedar sin batería. Me di cuenta cuando en la pantalla del mando vi aparecer las hélices y las patas de apoyo del aparato, lo cual nunca me había pasado. Lo traje a toda máquina y una vez que lo tuve en mi vertical, a 200 metros de altura, volvió a fallar y empezó a caer en picado. Volví a subir la palanca insistentemente hacia arriba para que parase y reaccionó justo antes de estrellarse contra unos árboles. Lo subí unos metros y lo llevé hacia una zona fangosa del prado por si acaso volvía a caer, que aminorase el impacto y así fue. Debieron ser sobre 70 metros de caída que disminuyó su velocidad a última hora con una reacción momentánea de los motores. Fue corriendo a por él, lo llevé frente a la chimenea, lo sequé y comprobé que no había nada roto, algunas piezas estaban desencajadas. Sin pensarlo dos veces, le puse otra batería y salí a probarlo. A los pocos minutos estaba de nuevo en el fondo del valle. Conseguí unas buenas tomas entre las nubes y la niebla y perdí el miedo que me había entrado unos minutos antes.

    Hoy cené muy temprano, pues grabé poco y me llevó menos de lo habitual archivarlo. Me voy a la cama a leer de verdad. Deben ser poco más de las 10 de la noche.

     

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