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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 26
    Octubre
    2015

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    Oviedo asturias

    "No hay un dedo en el que no tenga una herida"

    Lunes 26 de octubre. Día cuarenta y seis

    Tengo el cuerpo dolorido, me acabo de dar cuenta al levantarme de la cama. No hay un dedo en el que no tenga una herida, una llaga o una grieta. Posiblemente, si me parase un día entero a descansar, me costaría mucho volver a coger el ritmo, por eso tengo que seguir, aunque me duela todo. Ya tendré tiempo a descansar en Navidad.

    Me levanté temprano, desayuné y fui a abrir a las gallinas. Cuando salí a hacerlo, las vi fuera del gallinero y me di cuenta que ayer no las había cerrado. No obstante, ellas siempre entran un poco antes del anochecer, pues se sienten allí más seguras. Esta semana me dieron 28 huevos, sigue la media de 4 diarios.

    Con todo preparado para ir al punto de intercambio a dejar el disco duro, salí temprano con la mochila y la cámara. Hoy quiero remontar el río por su cauce e ir filmando los rincones, cascadas, pozos, piedras, etcétera, que vayan apareciendo. El tiempo me lo puso complicado y me obligó a llevar el paraguas abierto todo el día. Tuve suerte y no me caí ninguna vez, algo con lo que no contaba tras remontar 3 kilómetros de río de complicado acceso, lloviendo, y, por consiguiente, con una mano ocupada con el paraguas, la otra con la cámara y el trípode y una buena mochila con ropa y objetivos. Estos ríos de montaña son mágicos, cada rincón tiene su encanto, el agua es cristalina y no para un momento de correr. No me extraña que cuando nos visitan personas del Sur, en donde ya no quedan ríos de caudal continuo, salvo excepciones, queden impresionadas con la cantidad de agua que fluye por estas montañas.

    Debieron pasar 4 o 5 horas cuando volví a ver si ya me habían dejado el disco duro vacío, y así fue. Con él subí hacia La Fresnosa, pero tuve que hacer un alto en el camino y protegerme del intenso aguacero que empezó a caer. Me dio mucha rabia tener que parar, pero me brindó la posibilidad de filmar unos contraluces con lluvia torrencial guapísimos. Cuando paró, aunque en el bosque por donde transcurre el camino siguió haciéndolo, tiré para arriba. Una hora tardaría en llegar y cuando lo hice, casi ni entré en la cabaña, dejé todo y con ropa de abrigo, cámara y pocas ganas me fui a hacer la espera del final del día. Poco vi más que hojas volando, ramas doblándose y nubes desplazándose a toda prisa.

    Para cenar hoy me homenajeé con unas patatas fritas con chipirones en su tinta, de lata evidentemente, aquí en este río es difícil pescarlos. A la cama a descansar, que creo que lo merezco.

     

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